En torno a la pradera de la ermita de la Virgen de Riánsares, Tarancón vuelve a ese color de enero que sólo entiende el ciclocrós: el marrón de las laderas peinadas, el dorado del arenero, el verde apagado de la pradera y ese gris de cielo que no decide si abrir o morder. El Campeonato de España aterriza del 9 al 11 de enero con el rumor de los buses lanzadera subiendo y bajando al santuario, y con el pelotón invernal dispuesto a disputarse un maillot que, en España, se gana entre tablones y paciencia, más por insistencia que por fogonazos.
Llega la cita grande tras una temporada de fines de semana encadenados, ranking en la cabeza y barro en la maleta. El nacional no perdona: te pone delante del espejo del año. A los que han corrido en Flandes les pregunta por qué; a los que han sumado domingos en casa, por qué no. Y al público, que siempre entiende, le devuelve un circuito pensado para ver, con puentes, cuerdas y cambios de nivel que hacen de la pradera un anfiteatro.
As Pontes coronó en 2025 a Felipe Orts, que se transformó en plusmarquista histórico con su séptimo título, y asistió al sorpasso de Sofía Rodríguez en la élite femenina, por delante de Lucía González. Aquel barro gallego dejó fotos con gusto flamenco y un palmarés que todavía condiciona la lectura presente.
Horarios
La competición abre el viernes 9 con el relevo por selecciones (15:45). El sábado 10 es de trazo grueso: júnior femenino (9:00), júnior masculino (10:20), élite-sub23 femenino (11:30) y élite masculino (12:45), con podios a continuación y actividad de escuelas por la tarde. El domingo 11 queda para los máster 30 (9:00), máster 40 (10:00), máster 50-60 (11:20), la manga conjunta máster femenino y cadete femenino (12:30), luego cadete masculino (13:50) y el sub-23 masculino (14:45), con podios encadenados en cada bloque.
El Circuito
El trazado de Juan Carlos de la Ossa, en la ermita de Riánsares, supera los 3.000 metros y es un resumen de lo que el ciclocrós español ha aprendido a querer: un arenero que parte la respiración, laderas que invitan al error si se entra mal colocado, tablones para quien maneje la bicicleta como un idioma y varios puentes que rompen el ritmo justo cuando las piernas piden clemencia. Si la previsión no se equivoca —frío contenible, nubes juguetonas, suelo más bien seco salvo lo que se humedezca el viernes— la carrera tenderá a velocidad alta, con importancia capital de la salida, la colocación y la limpieza técnica en las curvas enlazadas. Quien llegue con el cuchillo de Bélgica afilado lo agradecerá; quien haya trabajado el paso por arena y la gestión de tracción en ladera, más.
Favoritos
El nacional llega con el ruido de las carpas y esa calma rara que antecede al disparo. La mirada busca primero a Felipe Orts, porque en estas citas su sombra es más larga que el circuito: ha corrido poco en casa, pero cada fin de semana fuera le ha afilado el gesto. A su alrededor no hay un vacío, hay un invierno entero: el paso firme de Gonzalo Inguanzo, que ha llevado la liga doméstica como quien conoce cada trampa del oficio; la resistencia de Mario Junquera, capaz de gobernar los cambios de ritmo sin que se le desordene la cabeza; el filo de Miguel Díaz y Miguel Rodríguez que aparece en cuanto la trazada se estrecha o la escuela de todo un veterano como Aitor Hernández. Kevin Suárez, con menos domingos españoles en las piernas, remite a otra vara de medir: si la carrera se decide por finura y paciencia, su poso internacional enciende luces rojas. El título se cuece entre la autoridad del campeón y la inercia de quienes han convertido el calendario nacional en una costumbre.
En la élite femenina, el péndulo se ha desplazado este invierno y conviene leerlo sin prejuicios. Sara Cueto ha hecho de la regularidad un argumento de peso: cada domingo ha sumado algo, a veces un trozo de carrera, a veces la carrera entera. Sofía Rodríguez defiende el maillot con el aplomo de quien ya conoce el camino y sabe ahorrar vatios donde otras se vacían. Lucía González, menos presente aquí que en Flandes, conserva esa capacidad de simplificar el caos que decide en una zona técnica o en el arenero. Y cerca, Sara Bonillo y Marta Beti han sostenido el calendario con oficio, mientras Alicia González asoma como amenaza si la velocidad manda. Si el circuito obliga a pedalear limpio y llegar con vida al último giro, ganará la que falle menos veces antes de fallar nada.

La sub-23 masculina tiene un metrónomo y varios solistas. El metrónomo es Raúl Mira, que ha mandado en casa con la serenidad de quien ya sabe pelear un título absoluto a rueda de los élite y que trae colgado del hombro un curso entero de salidas limpias y últimos giros sin concesiones. Alrededor, David Ivars llega con ese colmillo competitivo que le ha dado días muy buenos en la Copa y fuera, Unax Galán ha sido la constante que te gana posiciones sin ruido y Ángel Fernández y Aleix Casanovas han convertido la colocación en arma: se abren paso en el arenero, economizan en la ladera y aparecen cuando el circuito pide cabeza. Si la carrera sale en fila, Mira es la referencia; si amanece nerviosa y de tirones, Ivars y Galán tienen piernas para convertir un despiste en sentencia, con Unax Lombraña preparado para rematar cualquier vacío de medio minuto. Aquí no decidirá quién más aprieta, sino quién menos se equivoca en la primera vuelta.
En sub-23 femenina se reconoce la estela de Ana López, que ha ido sumando top-5 absolutos y victorias de categoría con la tranquilidad de quien lee bien cada zona: tracciona donde otras resbalan y deja correr la bici justo donde el circuito regala segundos. Lorena Patiño aterriza en la categoría con el mismo filo que enseñó en júnior —acelera el grupo en dos curvas— y ha refrendado el paso con victorias de categoría y finales a un suspiro de las élite. Por detrás, María Filgueiras se ha ganado el derecho a estar en todas las quinielas a base de constancia, Laia Bosch sube el ritmo cuando la carrera es rápida y de manos finas, y Nahia García añade ese punto de garra que en Tarancón vale posiciones. Si la jornada se decide por limpieza técnica, López y Patiño parten con ventaja; si el guion se pone bronco, Beti y Bosch tienen la llave para estirar la cuerda hasta el último puente.
En júnior masculino el maillot se discute ya en dos idiomas. Raúl López llega con la confianza que sólo da cruzar primero en Amberes, victoria de prestigio en la carrera paralela a la Copa del Mundo sobre el mismo circuito de la élite, y con un invierno español en el que ha aprendido a mandar pronto y equivocarse poco. Benjamín Noval, campeón que ha salido a mirar de frente la arena flamenca, ha pisado podio en Hofstade (Plagecross) y ha enseñado temple en escenarios grandes; cuando la carrera se estira, su trazo limpio mantiene la luz. Desde casa empujan Samuel Castiello, metrónomo de muchas mañanas, y Martín Fernández, que convierte cada zona técnica en un examen de oficio; Marc Moncho y Pelayo Gancedo sostienen la cuerda cuando el ritmo sube. Si la primera vuelta deja la fila hecha, López y Noval obligan; si la pradera permite respiración, Castiello y Fernández tienen piernas para convertir un detalle en sentencia.
En júnior femenino el relato se ha escrito a base de constancia y pequeñas conquistas lejos de casa. Carla Bañuls ha sido faro de la categoría —cuando el circuito es rápido, no regala un metro— y María Gutiérrez ha hecho de cada tramo técnico una oportunidad de subir un puesto. Maddi Saizar se ha ganado sitio en el escaparate con actuaciones de nivel en citas UCI y esa capacidad de abrir hueco en dos curvas; detrás, Mirari Gotxi aparece siempre que el terreno pide manos finas. En Tarancón decidirán los detalles: entrar con aire al primer arenero, elegir la línea buena en la ladera y, sobre todo, poner el pie una vez menos que las demás.

En cadetes el campeonato se corre con la mecha corta: manda la colocación y el pulso para no regalar un pie en la arena. En chicos, Marco Latorre llega con el mando bien ganado y la pareja Guillermo García–Asier Gómez sosteniendo la presión a base de regularidad, mientras Marc Sancho y Pedro Cidras han demostrado que saben vivir en cabeza cuando el circuito acelera; si el primer paso por el arenero deja la fila hecha, ahí se jugará medio título. En chicas, el nombre que marca el compás es Noa Vega, con Laura Solares creciendo domingo a domingo y la dupla Jana Freixas–Gisela Herrero afinando la técnica para que cada curva valga una posición; Claudia de Diego añade el colmillo necesario si el trazado se vuelve de manos finas. Tarancón premiará a quienes lean el acordeón sin prisa: tracción, línea limpia y cabeza fría en la primera vuelta.


