La Copa Catalana de ciclocrós encara este domingo 1 de noviembre su segunda cita del curso con una de esas pruebas que ya tienen poso dentro del calendario autonómico. La Garriga volverá a reunir en Can Terrers a buena parte del pelotón catalán en la undécima edición de una carrera que, con el paso de los años, se ha ganado su sitio entre las más reconocibles del otoño.
La prueba llega apenas una semana después del arranque en Manlleu y lo hace con el valor añadido de su propia tradición. El año pasado reunió a cerca de 300 participantes en una jornada marcada por el barro, con victorias de Tomàs Misser y Laia Bosch en las carreras absolutas. También destacó entonces Aleix Casanovas como mejor sub-23, en un circuito que volvió a demostrar que, cuando el terreno se complica, exige bastante más que piernas.
La competición arrancará a las 9:15 horas con las categorías máster 40, 50 y 60. Después llegarán las mangas femeninas, júnior y cadetes, antes de la carrera masculina de élite, sub-23 y máster 30. A partir de las 12:30 será el turno de las categorías de promoción, que pondrán el cierre a la jornada.
El recorrido, situado en el entorno de Can Terrers, tendrá este año 2,3 kilómetros por vuelta. Será un circuito de pradera, de esos que obligan a mantener la tensión casi sin descanso, con muchos cambios de ritmo y espacio suficiente para que la carrera se vaya estirando si el terreno lo permite. La meteorología volverá a jugar su papel, como casi siempre en esta disciplina, en una prueba que el pasado invierno ya enseñó cómo puede cambiar de carácter cuando aparece el barro.
La Garriga toma así el relevo de Manlleu y volverá a poner en marcha una Copa Catalana que no tardará en entrar en velocidad de crucero. Antes de que lleguen citas de mayor escaparate, el circuito vallesano volverá a ofrecer una de esas mañanas de ciclocrós muy de casa: numerosa, competida y con el aroma de las pruebas que llevan tiempo formando parte del paisaje.


