Dygert y White en los ‘hot seats’. Foto: © USA Cycling
Dygert y White en los ‘hot seats’. Foto: © USA Cycling

Es muy complicado empezar esta crónica. Es muy complicado hablar de algo que supera a quien escribe, algo que supera a cualquiera que siga el ciclismo. Pero lo intentaremos. La estadounidense Chloé Dygert y su compatriota Emma White, también conocida como Emma Bean, lograron en el Mundial de Richmond un doblete espectacular para su país, para los Estados Unidos, corriendo en casa el Mundial de crono juvenil. Tan solo la australiana Anna-Leeza Hull se pudo acercar a sus tiempos, logrando la medalla de bronce. Pero es que si espectacular fue el doblete, más lo fue la forma de ganar de Chloé Dygert. Volando, impulsada por el pan con mantequilla que tanto le gusta comer. O quizás por la canción Eye Of The Tiger que siempre escucha para sentirse más rápida. O quizás porque al lado de meta había una tienda de muebles, que le encantan, y quería llegar pronto para tener tiempo para visitarla.

Sin tiempos reseñables en el paso intermedio del kilómetro siete para las primeras ciclistas en tomar la salida —solo Gillian Elsay (Canadá) fue una de las primeras en salir logrando el top-10 final—, el tiempo que saltaba a la vista era el de la estadounidense Chloé Dygert, a la postre vencedora, en dicho punto de cronometrado parcial. Con 9 minutos y 14 segundos, a una velocidad media de 45,5 kilómetros por hora, la ciclocrosista americana se colocaba líder con 40 segundos menos que Elsay, que lograba mantener el tipo. Poco le duraba la fiesta a la canadiense, quien sin embargo tiró de regularidad para ir de menos a más y sobreponerse en meta a la rusa Studenikina y a la francesa Borras, que en ese parcial se situaban por delante.

Una de las primeras en salir fue y, por tanto, también una de las primeras en llegar. Elsay en meta se puso líder con 22:03, un registro a una velocidad media de 40,82 km/h. Lejos quedaban los tiempos de Ida Jansson (Suecia) y Sofia Bertizzolo (Italia) en meta, pese a colarse en podio provisional. Por su parte, Chloé Dygert seguía haciendo camino. Su tiempo en meta fue de 20:18, lo que era un crono de 1:45 menos que el de Elsay, relegada a la segunda plaza. ¿Qué significaba ese tiempo? Era una reivindicación del segundo parcial, una demostración de fuerza y regularidad, una prueba de su poderío, también, escalando la pared del último kilómetro. Cerró su concurso en la contrarreloj de Richmond a una media de 44,3 km/h.

Faltaban todavía las principales favoritas por llegar, pero nadie podía batir el tiempo de Chloé Dygert. Su compatriota Emma White, sin embargo, sí se acercó en el punto de cronometrado intermedio, poniéndose a solo 12 segundos. Las opciones de oro de la también ciclocrosista se disiparon cuando en los últimos 8 kilómetros rodó a una velocidad media de 40,1 kilómetros por hora (3,3 km/h más lenta que Dygert), lo que le valía para ponerse segunda. El big three, Hull-Soet-Mathiesen, rindió por debajo de lo esperado, y fue la australiana la que ocupó la restante plaza de podio, relegando a Mathiesen a la cuarta plaza y a Soet a la sexta, mientras que el quinto lugar lo ocupó la francesa Juliette Labous.

Por debajo de lo esperado rindieron también las dos españolas, siendo María Calderón 30.ª a 3:02 («Es una experiencia más y unas veces sale bien y otras veces sale como hoy», comentaba la zamorana en declaraciones a la RFEC); y Teresa Ripoll fue 35.ª a 4:14: «Me ha costado coger el ritmo al principio, hacía aire, había repechos y el repecho de meta es exigente», decía la valenciana tras cruzar la meta.

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