El conjunto cántabro pondrá fin a su actividad después de más de tres décadas formando corredores y compitiendo entre los mejores equipos élite y sub-23 de España. Desde sus primeros años como Banco Santander hasta los éxitos con el maillot rosa, la estructura de Camargo deja atrás una historia marcada por las dos Copas de España de Antonio Angulo, decenas de corredores que alcanzaron el profesionalismo y el trabajo incansable de Alejandro González.
El pasado 28 de marzo, mientras un aguacero obligaba a detener momentáneamente la Aiztondo Klasika, Óscar Vian estaba empeñado en darle otra alegría al Gomur-Cantabria Deporte. El cántabro había pasado buena parte de la jornada escapado y, cuando la carrera se reanudó, encontró fuerzas para lanzar un último ataque en las rampas hacia Larraul. Ganó por apenas unos metros. Detrás, Marc Rubirola se quedó a las puertas de darle caza. Era otra victoria importante para un equipo que llevaba años acostumbrado a pelear con los mejores.
Resulta extraño recuperar aquella imagen ahora. Apenas seis meses después, el conjunto cántabro ha anunciado que pondrá fin a su actividad deportiva al término de 2026. Se acaba así una historia de 31 temporadas en el pelotón aficionado español. Una historia que comenzó mucho antes de que el rosa se convirtiera en uno de los colores más reconocibles de las carreras élite y sub-23.
Porque el Gomur no ha sido únicamente el equipo de Antonio Angulo, de Pelayo Sánchez o de las últimas generaciones que han encontrado en Camargo una oportunidad para seguir creciendo. Antes de todos ellos hubo otros corredores, otros patrocinadores y muchas temporadas en las que el objetivo era, sencillamente, mantener vivo un proyecto que permitiera a los jóvenes continuar compitiendo después de su etapa juvenil.
Y en el centro de todo aparece un nombre: Alejandro González, Jandro, el hombre al que el propio equipo ha querido dedicar una mención especial en su despedida. No es para menos. Hablar de estas tres décadas de ciclismo en Camargo es, en buena medida, hablar de su trabajo.
De Banco Santander a Camargo-Ferroatlántica: los años anteriores al rosa
Para encontrar el origen hay que retroceder hasta 1995. Entonces no existía el Gomur tal y como lo conocemos hoy. El proyecto nació bajo la denominación de Banco Santander, nombre que mantuvo durante sus dos primeros años, antes de iniciar una sucesión de etapas ligadas a las empresas que fueron respaldando al equipo.
Entre 1997 y 2002 llegó el periodo de Roper-Alcatel. Después, entre 2003 y 2007, el equipo pasó a competir como Camargo-Roper, y desde 2008 hasta 2011 lo hizo bajo el nombre de Camargo-Ferroatlántica.
Cuatro denominaciones diferentes en apenas diecisiete años, aunque con una misma idea detrás: ofrecer una estructura competitiva a los ciclistas que buscaban hacerse un sitio en el campo aficionado. El equipo estuvo vinculado durante buena parte de esa trayectoria a la Peña Ciclista Sprint, una de las entidades históricas del ciclismo camargués.
Aquellos años también dejaron resultados de prestigio. En 2009, cuando todavía vestían los colores del Camargo-Ferroatlántica, los cántabros lograron dos victorias en el Circuito Montañés, una prueba que entonces reunía a algunas de las formaciones más potentes del panorama internacional sub-23.
David Gutiérrez se llevó la quinta etapa, con llegada a Torrelavega, después de imponerse en un pequeño grupo que había conseguido abrir diferencias tras el paso por Palombera. Dos días después, Vicente Grau remató la participación del equipo con otra victoria en la última jornada, por delante de corredores como Boy van Poppel.
Era otra época del ciclismo aficionado, con un calendario diferente al actual y carreras en las que las estructuras españolas podían medirse a algunas de las mejores canteras europeas. El conjunto de Camargo ya era capaz de ganar en ese escenario.
La continuidad, sin embargo, nunca estuvo garantizada por los resultados. Mantener un equipo amateur exigía encontrar apoyos, organizar desplazamientos y sostener una estructura que permitiera competir durante buena parte del año. Una tarea poco visible que Jandro fue desempeñando temporada tras temporada.
2012, el comienzo de una etapa que cambió la dimensión del equipo
El gran punto de inflexión llegó en 2012. El Grupo Gomur asumió el patrocinio principal y comenzó una nueva etapa que acabaría prolongándose durante quince temporadas.
El cambio de nombre no supuso empezar desde cero. Buena parte de los corredores que habían competido con el Camargo-Ferroatlántica continuaron en la estructura, a los que se incorporaron nuevos talentos procedentes de otros equipos y de la categoría juvenil. La primera concentración de aquella temporada se celebró en febrero, en Hoznayo, antes de viajar a Don Benito para disputar la prueba inaugural de la Copa de España.
El nuevo Gomur-Cantabria Deporte fue creciendo sin abandonar la filosofía anterior. El calendario vasco se convirtió en uno de sus principales escenarios competitivos, junto a la Copa de España y las vueltas por etapas repartidas por toda la geografía nacional.
La apuesta de la empresa cántabra, acompañada por el apoyo institucional del Gobierno de Cantabria y del Ayuntamiento de Camargo, permitió dar estabilidad al equipo y construir una de las etapas más exitosas de su historia.
Y entonces apareció Antonio «Chava» Angulo.

El ciclista cántabro había encontrado en el Gomur un entorno en el que desarrollar sus cualidades. Rápido, resistente y capaz de superar recorridos exigentes, Angulo acabó convirtiéndose en el gran protagonista de una época que llevaría al equipo a lo más alto del ciclismo amateur español.
En 2015 conquistó la clasificación general de la Copa de España élite y sub-23. Era un resultado histórico: por primera vez, un conjunto cántabro conseguía el triunfo absoluto en la competición y lo hacía, además, con un corredor de la región.
Aquella victoria le abrió las puertas del profesionalismo a mitad de temporada, aunque su primera experiencia en la máxima categoría no tuvo la continuidad que esperaba. Angulo regresó al Gomur en 2016 y volvió a comenzar desde el pelotón aficionado, con la presión añadida de defender un título que muy pocos corredores habían sido capaces de repetir.
No empezó bien aquella Copa de España. Los primeros resultados le alejaron de la cabeza y la remontada parecía complicada. Pero «Chava» fue encontrando su sitio en las siguientes carreras hasta imponerse en la Clásica Xavi Tondo y en el Memorial Momparler. Terminó levantando nuevamente los brazos como vencedor absoluto de la Copa.
Dos años, dos títulos. Y un equipo cántabro instalado entre las grandes referencias nacionales.
La temporada 2016 fue mucho más que los triunfos de Angulo. El Gomur sumó 22 victorias individuales, conquistó las generales de las vueltas a Castellón y Lleida y terminó encabezando el ranking nacional de la Real Federación Española de Ciclismo.
Sergio Vega fue el encargado de conquistar la ronda castellonense después de una exhibición en la etapa del Penyagolosa, mientras que Óscar Linares se adjudicó la Volta a Lleida en un desenlace ajustadísimo, igualado a tiempo con Elías Daniel Tello y resuelto por los puestos acumulados.
Por resultados, pocas temporadas podían compararse con aquella. Pero lo importante fue que el Gomur consiguió mantener su presencia entre los mejores sin depender exclusivamente de una generación irrepetible.
Una escuela de ciclistas, aunque no todos llegaran a profesionales
En 2017, la estructura encabezada por Jandro González y respaldada por Gomur inició una etapa independiente de la Peña Ciclista Sprint. Cambió el encuadre del equipo, pero no su manera de entender la competición.
Año tras año siguieron llegando corredores que necesitaban un lugar para desarrollarse. Algunos procedían de la propia cantera cántabra. Otros viajaban desde Asturias, Castilla y León o diferentes puntos de España atraídos por un calendario ambicioso y la posibilidad de competir en carreras de primer nivel.
La exigencia deportiva iba acompañada de una idea que Jandro repitió en numerosas ocasiones: ganar era importante, pero todavía lo era más conseguir que los corredores tuvieran oportunidades para progresar.
En una entrevista concedida en 2021 dejó una frase que resume bastante bien su forma de entender este deporte: «No todos los ciclistas que valen pasan a profesionales».
No hablaba por hablar. El propio caso de Antonio Angulo, capaz de ganar dos Copas de España y aun así encontrarse con dificultades para consolidar su carrera profesional, demostraba que los resultados no siempre aseguraban una oportunidad.
Otros sí pudieron dar ese paso, y ahí aparece buena parte del legado deportivo del Gomur.
Uno de los nombres más reconocibles es el de Pelayo Sánchez. El asturiano defendió los colores del conjunto cántabro en 2019 y 2020 antes de incorporarse al Burgos-BH. Su progresión le llevó posteriormente al Movistar Team y, en mayo de 2024, a conseguir una de las victorias más importantes de su carrera en el Giro de Italia.
Aquel triunfo en Rapolano Terme, superando al esprint a Julian Alaphilippe y Luke Plapp después de una durísima jornada con sectores de tierra, también permitía mirar hacia sus temporadas de formación. Antes de ganar en una gran vuelta, Pelayo había pasado por las carreteras y competiciones que sostienen el ciclismo aficionado español.
No fue el único. Por las filas del Gomur también pasaron Mario Aparicio y Ángel Fuentes, que encontraron acomodo en el Burgos-BH; Alejandro Franco, protagonista de una brillante temporada amateur en 2022 antes de dar el salto al mismo conjunto; o Dani Cavia, ganador de la Vuelta a Cantabria de 2023 y posteriormente profesional con la formación burgalesa.
También Sergio Trueba consiguió abrirse camino hacia el profesionalismo después de conquistar el Torneo Lehendakari de 2024, incorporándose al Illes Balears-Arabay en la siguiente temporada.
Y antes que ellos hubo muchos otros. Al comenzar 2021, Jandro González ya cifraba en 28 los corredores promocionados al profesionalismo desde su estructura. Una cantidad que ayuda a entender la importancia del proyecto más allá de las victorias.
El equipo tampoco dejó de cosechar resultados. En 2019, Ángel Fuentes ganó la Aiztondo Klasika en una jornada de lluvia, imponiéndose a Roger Adrià y Kiko Galván en la subida final de Aduna. Aquella temporada el Gomur llegó a competir durante 89 días en trece comunidades autónomas diferentes, una muestra de la dimensión que había alcanzado su calendario.
En 2021 regresó a los primeros puestos de la Copa de España, terminando segundo en su clasificación general absoluta. En 2022 ganó tres de las diez pruebas puntuables de la competición y, un año después, volvió a subir al podio final, además de adjudicarse la clasificación por equipos.
La victoria de Daniel Cavia en la Vuelta a Cantabria de 2023 tuvo también un significado especial. Ganar en casa siempre tiene algo diferente, más todavía para un equipo que llevaba tantos años representando al ciclismo regional por el resto del país.
El Torneo Lehendakari se convirtió en otro de los grandes escaparates de sus últimas temporadas. Sergio Trueba se llevó la general de 2024 y Sergio Gutiérrez prolongó el dominio cántabro en 2025, después de mantenerse al frente de la clasificación desde la primera prueba puntuable.
El Gomur había cambiado de corredores, patrocinadores secundarios, material y objetivos concretos, pero seguía siendo reconocible. Una escuadra que no necesitaba salir como favorita para estar delante y que había convertido la regularidad en una de sus principales virtudes.
Una despedida que llega mientras seguían las victorias

Quizá lo más llamativo de la desaparición es que no llega después de una temporada sin resultados. Todo lo contrario.
El Gomur ha vuelto a ser protagonista en 2026. Óscar Vian se impuso en marzo en la Aiztondo Klasika y, tres meses después, conquistó el Campeonato de España contrarreloj sub-23 en Sabiñánigo, superando por apenas tres segundos a Luis Alberto Lajarín.
En julio volvió a demostrar sus cualidades contra el reloj, llevándose la última etapa de la Vuelta a la Comunidad de Madrid en Alcobendas. El equipo también sumó victorias de etapa en la Vuelta a Zamora, con el propio Vian y Alejandro del Cid, y Sergio Gutiérrez se impuso en Estella. La temporada se ha cerrado, además, con una segunda posición en la general del Torneo Lehendakari.
No eran los resultados de un equipo que hubiera dejado de competir con ambición.
Sin embargo, el 8 de octubre llegó el anuncio que pone fecha de caducidad al proyecto. En su comunicado, el Gomur confirma el cese de actividad y agradece el trabajo de todos los ciclistas, técnicos, patrocinadores, instituciones y colaboradores que han formado parte de su trayectoria.
La despedida reserva un reconocimiento especial al Grupo Gomur, principal patrocinador durante las últimas quince temporadas, por mantener su compromiso hasta el final. También a Jandro, considerado por el propio equipo como el verdadero artífice de una historia que comenzó hace más de tres décadas.
No se ha comunicado públicamente una causa concreta para el cierre. Lo que sí resulta evidente es que su desaparición se produce en un momento complicado para el ciclismo aficionado español, que también ha conocido recientemente la despedida de otras estructuras históricas, como el Eulen-Amenabar.
Son equipos que durante años han ocupado un espacio fundamental entre las categorías juveniles y el profesionalismo. Escuadras capaces de dar continuidad a corredores que todavía necesitaban tiempo para desarrollarse y que, sin una estructura de estas características, habrían tenido mucho más difícil seguir compitiendo al máximo nivel.
En el caso de Camargo, la Peña Ciclista Sprint ha recuperado en 2026 su propia formación élite y sub-23, pero se trata de un proyecto distinto. No supone la continuidad de la estructura que durante los últimos quince años ha competido bajo el patrocinio de Gomur.
Por eso la despedida trasciende el palmarés. Se pierden unas siglas conocidas en las salidas de la Copa de España, en las carreras vascas y en tantas vueltas por etapas. Pero, sobre todo, se cierra una estructura que durante 31 temporadas ha ofrecido a los corredores un lugar donde intentar convertirse en ciclistas profesionales.
Habrá quien recuerde las dos Copas de España de «Chava» Angulo, las victorias de Óscar Linares y Sergio Vega o el Campeonato de España de Óscar Vian. Otros se quedarán con los años de Pelayo Sánchez antes de llegar al Giro de Italia, con las incontables carreras del calendario vasco o con algún triunfo en las carreteras de Cantabria.
Y seguramente Jandro González recordará muchos nombres que nunca aparecieron en los grandes titulares, pero que también formaron parte de estos 31 años.
El próximo año habrá nuevas generaciones intentando abrirse camino en el pelotón aficionado. Lo harán sin uno de los equipos que más tiempo llevaba acompañándolas.
El Gomur deja de competir. Todo lo que salió de aquella escuela de Camargo seguirá rodando.

