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No por ya conocida, la iniciativa no deja de ser curiosa. Un camino inverso al habitual. El Tour de Gironde mutó de cara a su edición 2018 en una prueba junior después de haber formado parte del circuito profesional entre 2005 y 2017.

La prueba gala, originalmente creada como competición para el campo amateur, emerge como un acontecimiento único y singular por esa singladura. Ciclismo en su máxima expresión.  Una edición como carrera juvenil ha bastado para reforzar su poder de convocatoria y emerger como una cita fundamental dentro de la categoría. Treinta equipos de cinco corredores acuden a un Tour de Gironde que en sus tres etapas, que se disputarán en dos jornadas, recorrerán 220 kilómetros de los que 7,4 serán contra el reloj.

El granadino Carlos Rodríguez encabeza el plantel de un potente Kometa Cycling Team que completan el cántabro Pablo Gutiérrez, el madrileño Javi Serrano y los catalanes Gerard Bofill y Juan José Rosal. Serrano afronta esta competición después de haber competido, junto al ausente Raúl García, con la selección madrileña en el alicantino Trofeo Joaquín Barceló de Sax, puntuable para el Trofeo Federación, y haber permanecido con la selección española de pista de su categoría concentrado en Valencia de cara a preparar los Europeos de la modalidad que se disputarán en Gante a comienzos de julio.

Rodríguez fue uno de los corredores más destacados de la pasada edición, en la que se impuso en la cronometro inaugural y concluyó finalmente en la cuarta posición de la general.

Guillermo Gutiérrez, director del Kometa Cycling Team junior: “El Tour de Gironde es nuestra primera carrera a nivel internacional fuera de España en 2019 y es uno de nuestros objetivos de la temporada. Intentaremos aprender al mismo tiempo que buscaremos nuestras opciones. Es una carrera en la que el pasado año vimos la cara con la victoria de Carlos en la CRI inaugural y la cruz de la suerte con caídas y despistes que nos hicieron perder a tres corredores cuando llevábamos el mallot de líder. Este año vamos con la lección aprendida, queremos jugar nuestras opciones y vamos con un equipo muy compensado para este tipo de carreras”.

El recorrido mantiene el mismo esquema que el de la edición 2018, una pequeña crono y dos etapas en líneas con muchos repechos. Explica Gutiérrez: “La contrarreloj es muy ratonera y habrá que regular bien los cambios de ritmo, porque el final de etapa es muy exigente. En la segunda etapa el viento puede hacer de las suyas, sobre todo porque hay muchos pasos por pueblos y en las salidas de los mismos nos podemos encontrar con que se forme algún corte. La tercera es muy similar, con un final en un circuito donde la alta velocidad y los enganchones pueden jugarnos malas pasadas”.

Prensa Fundación Contador

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