Mejores momentos del año (3): Hayman da la campanada del siglo en Roubaix

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Así se celebra una victoria en la Roubaix. Mathew Hayman dejó boquiabierto al mundo entero en el velódromo más famoso del ciclismo. © Tim De Waele

«Increíble. Dícese de aquello que es difícil de creer o que cuesta comprender. O como prefieren decir quienes hoy han visto la Paris-Roubaix: Mathew Hayman. En fuga más de 200 km, Mathew Hayman ha completado hoy, sobre los adoquines de Roubaix, una de las exhibiciones más memorables que se recuerdan en “el Infierno del Norte” al imponerse al sprint al cuatro veces vencedor de la carrera, Tom Boonen, y al británico Ian Stannard.» Así, querido lector, comenzaba Jesús Guevara su crónica de la clásica francesa, y es que es imposible hacer una introducción mejor para describir lo que fue la Paris-Roubaix de este año.

En términos coloquiales, la Roubaix de este año fue flipante. La cara que tenía Hayman de no creerse lo que acababa de lograr reflejaba a la perfección lo que había sido la carrera. Una victoria en la clásica más prestigiosa que existe cimentada en una escapada de 200 kilómetros; más valor tiene aún si se tiene en cuenta que el australiano tiene 38 años, se ha pasado toda su vida profesional sacrificándose por sus compañeros y, hasta aquel día, contaba una sola victoria en su palmarés (la Paris-Bourges, una carrera secundaria, en 2011). Y esto no acaba aquí: Hayman ganó la Paris-Roubaix ante nada más y nada menos que Tom Boonen, una leyenda del ciclismo, uno de los mejores clasicómanos de la historia, sino el mejor.

Espectáculo de principio a fin. La carrera llegó completamente rota al mágico Bosque de Arenberg, a casi 100 kilómetros para el final. © Tim de Waele

La Roubaix comenzó a decidirse muy lejos de la línea de meta, en el momento en el que se produjo una caída que rompió el pelotón principal cuando faltaban más de 120 kilómetros para el final. Fabian Cancellara, Peter Sagan -que venía de arrasar en Flandes– y Niki Terpstra, entre otros, quedaron cortados. Por delante, un grupo encabezado por Tom Boonen, Sep Vanmarcke e Ian Stannard habría hueco. No tardarían en llegar a la altura de la escapada principal, donde rodaban Imanol Erviti y Mathew Hayman. Aunque la diferencia durante muchos kilómetros no superó los 40 segundos entre los dos pelotones, el desacuerdo por detrás era total. Sagan y Cancellara, entre que no se entendían y no tenían compañeros, estaban totalmente vendidos. El suizo comprendió que si quería llegar a la altura de Boonen, debería ser él el que asumiera el mando. Cuando llegó a estar a menos de medio minuto del grupo del belga. Tony Martin, que estaba junto a él, se puso manos a la obra y realizó un trabajo espléndido para mantener las diferencias. El alemán llevó la diferencia de los dos grupos hasta el minuto de distancia; un minuto que, por detrás, ya nunca recuperarían.

Se acabó para Cancellara. Las pocas opciones que el grupo del suizo tenía de remontar se perdieron cuando el de Berna fue al suelo. Por cierto: Sagan no se cayó, aunque parezca mentira. © Tim de Waele
C’est fini. Las pocas opciones que el grupo de Cancellara tenía de remontar se perdieron cuando el ciclista de Berna se fue al suelo. Por cierto: Sagan no se cayó, aunque parezca mentira. © Tim de Waele

Cada tramo de pavés hacía menguar el grupo delantero, que había llegado a ser muy amplio. Además, gente como Boonen o Vanmarcke comenzaban a dar relevos, lo que hacía complicado poder seguir del grupo, sobretodo en los tramos adoquinados. La cabeza de carrera se plantó en Mons-en-Pevéle, uno de los tramos de piedras más complicado, con Cancellara y  Sagan descartados.

Boonen lideró la escapada. El belga ejerció de líder durante toda la prueba. Parecía que nadie le iba a quitar su quinto adoquín... © Kramon
Boonen lideró la escapada. El belga ejerció de capitán durante toda la prueba. Parecía que nadie le iba a quitar su quinto adoquín… © Kramon

El suizo se había ido al suelo, y todas las opciones que tenían los corredores que rodaban junto a él se habían esfumado. La victoria estaba entre los diez hombres que aguantaban delante: Boonen, Vanmarcke, Stannard, Rowe, Boasson Hagen, Erviti , Saramontis, Haussler, Sieberg y Hayman. En Champin-en-Pevele, otro tramo largo y duro, la selección aumentó: Erviti, Rowe, Haussler, Saramontis y Sieberg no podían con el ritmo que marcaba Boonen sobre las piedras, y tuvieron que ceder. Pocos kilómetros después, en el Carrefour de l´Arbre, el tramo de pavés más famoso y complicado de la carrera, Vanmarcke atacó. El belga sabía que sus opciones de ganar en un sprint eran reducidas, y apostó todo por un ataque lejano. Abrió algo de hueco, pero no pudo mantenerlo. Boonen, Stannard, Hayman y Boasson Hagen aguantaron bien las distancias con Vanmarcke, y lo capturaron a los pocos metros de salir del infernal Carrefour de l’Arbre.

Vanmarcke atacó con todas sus fuerzas en el Carrefour de l´Arbre. Fue el más fuerte sobre las piedras, pero no pudo rematar. © Kramon
Vanmarcke atacó con todas sus fuerzas en el Carrefour de l´Arbre. El belga fue el más fuerte sobre las piedras, pero no pudo rematar. © Kramon

El velódromo de Roubaix se acercaba. Los cinco ciclistas que conformaban la cabeza de carrera se atacaban entre ellos sin mucho convencimiento, y se notaba. Sabían que todo se decidiría en el velódromo de Roubaix. Boonen, que en teoría era el que más opciones tenía de ganar en un sprint, intentó sorprender a sus rivales atacando justo antes de llegar, pero Hayman se agarró a su rueda. Los cinco ciclistas entraron juntos en el velódromo, con el australiano liderando el grupo. Sonó la campana que indicaba la última vuelta, y no mucho después lanzó Hayman el sprint. Boonen, pegado a su rueda, se abrió, y cuando parecía que iba a superarle… se quedó sin fuerzas. El belga, a priori mucho más rápido que el australiano, no pudo batirle. Se quedaba a centímetros de lograr la que hubiera sido una quinta victoria, más que nadie en la historia, en la Paris-Roubaix. Hayman, para asombro de todo el mundo, ganaba ante Boonen, leyenda viva del ciclismo, y ante Stannard, que lograba la tercera posición. Vanmarcke era cuarto y Boasson Hagen, que no disputó el sprint, quinto.

Por centímetros. Hayman lograba la victoria de su vía ante un Boonen que se quedó a las puertas de proclamarse campeón de la Paris-Roubaix por quinta vez. © Kramon
Por centímetros. Hayman lograba la victoria de su vida ante un Boonen que se quedó a las puertas de proclamarse campeón de la Paris-Roubaix por quinta vez. © Kramon

A Hayman le costó asimilar la victoria. Se echó en manos de los auxiliares de su equipo con la misma cara que pone un niño cuando vienen los Reyes Magos. No fue el único; la Paris-Roubaix de este año nos dejó boquiabiertos a todos. Para muchos aficionados ha sido la mejor edición del siglo, y una de las mejores de la historia. Se disputó como se hacía antaño, desde lejos, y no esperando a los últimos tramos adoquinados, como estábamos acostumbrados a ver durante las últimas ediciones de la clásica gala. Sin duda alguna, fue un día especial para todos los que amamos este deporte, y uno de los mejores momentos de la temporada 2016.

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