Koksijde no se parece a nada más. Aquí no hay trampas escondidas ni curvas traicioneras: todo está a la vista y todo duele. La arena manda desde el primer metro y no suelta hasta la meta, en un circuito que no se corre, se sobrevive. La Copa del Mundo regresó a las dunas y España volvió a presentarse con una expedición amplia, repartida por categorías, dispuesta a aceptar una de las pruebas más específicas y selectivas del calendario.
En la élite masculina, la carrera tuvo un ritmo alto desde la salida, marcado por quienes saben convertir la arena en terreno propio. Mathieu van der Poel volvió a imponer su manera de entender Koksijde, con una fluidez que pareció ajena al castigo constante del circuito. Detrás, la lucha fue larga y fragmentada, una carrera de desgaste puro en la que cada error costó segundos imposibles de recuperar.
Ahí se movió Felipe Orts, que volvió a firmar una actuación sólida finalizando 21º en un terreno que exige mucha lectura. El alicantino gestionó bien los tramos más profundos, supo cuándo correr y cuándo cargar la bici, y mantuvo una línea constante en una prueba donde no hay margen para la improvisación. Koksijde no permite esconder debilidades y su carrera volvió a dejar la sensación de un corredor instalado con naturalidad en el nivel Copa del Mundo.
Más atrás, la arena fue seleccionando a los españoles uno a uno. Kevin Suárez (26º) sostuvo el pulso en una carrera larga y exigente, de esas que se deciden más por resistencia que por aceleraciones. Mario Junquera, Raúl Mira, Gonzalo Inguanzo, Unax Galán, Javier Zaera y Marcos Gómez vivieron la cara más áspera del circuito: vueltas interminables, piernas vaciadas y la obligación constante de no dejarse caer del todo. Koksijde no concede segundas oportunidades y cada uno tuvo que resolver su propia batalla contra el terreno.
En la élite femenina, la arena volvió a marcar jerarquías claras en cabeza. Lucinda Brand volvió a dominar con autoridad, imponiéndose por delante de Shirin van Anrooij y Ceylin del Carmen Alvarado en un podio lleno de ritmos elevados desde el primer giro. Aniek van Alphen y Puck Pieterse también dejaron huella en una carrera que volvió a demostrar la profundidad neerlandesa en esta disciplina. Dentro de ese contexto, España volvió a sumar kilómetros de máximo nivel. Sofía Rodríguez y Lucía González (30ª y 37ª) mantuvieron una línea regular en una carrera muy larga, mientras Sara Cueto afrontó otra jornada de fondo, todavía con el recuerdo del esfuerzo acumulado del día anterior. Ana López, Alicia González, Luna Carrió y Carla Jiménez completaron una prueba en la que la prioridad fue gestionar, terminar y aprender en uno de los escenarios más específicos del invierno.
La mañana dejó, además, espacio para las categorías de formación, donde Koksijde suele ser todavía más implacable. En la sub-23 masculina, la arena dictó una carrera de desgaste puro, sin concesiones, en la que el bloque español tuvo que asumir desde muy pronto que el objetivo pasaba por resistir y aprender. Raúl Mira, Unax Galán, David Ivars, Beñat Fernández de la Peña y Arkaitz Suso se enfrentaron a uno de esos circuitos que no permiten esconder carencias: largos tramos a pie, arrancadas constantes y la obligación de mantener la cabeza fría cuando las piernas ya no responden.
El gran foco español del día volvió a aparecer en la manga júnior masculina, y esta vez con un nombre propio muy claro: Benjamín Noval, cuarto en meta. El asturiano firmó una actuación de enorme nivel en uno de los escenarios más específicos del calendario, moviéndose con soltura en la arena profunda y sosteniendo el esfuerzo cuando la carrera se rompió en varios grupos. Koksijde no es un circuito para improvisar, y Noval lo resolvió con madurez, confirmando que su adaptación al ciclocrós internacional va muy en serio.
También tomó la salida Raúl López, apenas veinticuatro horas después de haber ganado en Antwerpen. El contexto no era sencillo: piernas todavía cargadas, un terreno completamente distinto y la presión natural de correr con el dorsal del día anterior. Aun así, López volvió a competir con ambición, midiendo esfuerzos y aceptando que Koksijde exige otro tipo de lectura y logrando un más que aceptable 14º puesto. No fue una carrera para repetir guion, pero sí para demostrar que lo del sábado no fue un accidente, sino parte de un proceso que empieza a coger forma.
Junto a ellos, Martín Fernández, Axel Roy, Pablo Jiménez Vera y Frías y Pelayo Gancedo completaron la representación española en una manga que castigó cada error y en la que terminar ya fue una forma de aprendizaje. En la júnior femenina, con Mirari Gotxi como única representante española, la experiencia volvió a ser la de un circuito extremo, de esos que enseñan rápido y sin demasiada indulgencia.
Cuando el viento volvió a barrer las dunas y la arena empezó a cubrir las trazadas del día, Koksijde dejó una imagen distinta a la de otras citas. No fue tanto una cuestión de resultados como de escenas: corredores empujando la bici sin mirar atrás, relevos imposibles en mitad del arenal y jóvenes aprendiendo, a golpes, qué significa correr aquí. Para España, el fin de semana se cerró con una certeza clara: entre Antwerpen y Koksijde hubo una victoria, varias actuaciones de peso y, sobre todo, una presencia cada vez más natural en terrenos donde antes sólo se venían a pasar frío.



