Namur no suele dejar grandes frases hechas. El circuito obliga más a escuchar que a explicar, y por eso, cuando se apaga el ruido de la Ciudadela, las palabras de los corredores llegan casi siempre con poso. El fin de semana belga dejó sensaciones distintas, pero un hilo común: la certeza de estar donde toca, incluso cuando el resultado no siempre acompaña.
Para Sara Cueto, el paso por Bélgica fue una mezcla de alivio y paciencia. “El primer fin de semana en Bélgica ya está superado, ya va todo rodado”, resumía con ese tono tranquilo que suele aparecer cuando lo más duro ya ha pasado. Kortrijk había sido una oportunidad clara, y lo sabía: “Era una buena ocasión para intentar un top-10 en tierras belgas”. Lo consiguió, aunque el contexto no fue el ideal. Un proceso gripal arrastrado desde días atrás le condicionó todo el fin de semana. “No ha sido fácil, me cuesta un poco respirar”, reconocía, confiando en que una semana más tranquila ayude a normalizar sensaciones.
Kortrijk, un circuito que ya conocía y que decidió correr por afinidad, se le atragantó de inicio. “La salida no fue buena, tuve un pequeño enganchón y perdí bastantes posiciones”, explicaba. Aun así, logró rehacerse a base de ritmo. Se quedó a las puertas de un grupo que peleaba por posiciones aún más altas, consciente de que, con otras circunstancias, la pelea habría sido distinta.
El domingo en Namur fue otra historia. “El circuito no cambia mucho con los años”, apuntaba, aunque esta vez estaba “más seco que nunca”, con piedras y raíces aflorando tras el paso de tantas carreras. Un nuevo enganchón en la salida la dejó cortada desde el primer muro. “Ya sabía que iba a pillar un tapón, así que me lo tomé con calma”, relataba. Técnicamente se sintió bien, especialmente en las bajadas, pero el esfuerzo en subida fue otra cosa. “El estar enferma me pasó mucha factura y me costaba respirar. Tenía que subir más lento de lo que quisiera”. El resultado fue el que fue, pero la mirada ya estaba puesta más adelante: “Espero recuperar esta semana y tener nuevas oportunidades para demostrar el entreno de todo este año”.
También en la manga femenina, Ana López se marchó de Namur con una lectura positiva. “Conseguí hacer una salida decente y de ahí ir siempre remontando”, explicaba tras una carrera que definió como “muy dura y técnica”, pero favorable a sus características. Durante buena parte de la prueba rodó cerca del top-30, manteniendo una línea constante en uno de los circuitos más exigentes del calendario. “Terminar 33ª me deja muy contenta para empezar estas carreras en Bélgica esta temporada”, resumía, poniendo el acento en el proceso más que en el número.

En la carrera masculina, Mario Junquera no ocultaba el respeto que impone siempre la Ciudadela. “Namur no decepciona, es superexigente”, decía, subrayando que este año el barro no fue el gran protagonista. “Condiciones húmedas, algo de barrito, pero muy poco”. Eso, lejos de suavizar el circuito, lo hizo aún más rápido. “Ahí te das cuenta de que los grandes corredores no te van a dar margen si tienes cualquier contratiempo”.
Junquera salió bien colocado, “a rebufo de Felipe Orts y Joran Wyseure”, y fue construyendo su carrera buscando grupos con los que competir hasta meta. No terminó de encontrarse del todo cómodo. “No me noté en sintonía con el circuito, quizá me equivoqué con las presiones o con el reconocimiento”, admitía. Aun así, el balance fue positivo. “Estoy muy contento con el resultado y con las sensaciones. Es la primera Copa del Mundo de la gira navideña y seguro que puedo ir a más”.
Sobre Felipe Orts, la lectura fue directa y honesta, en la línea de lo que dejó la carrera. “En Namur estuve en mi sitio”, resumía. Durante buena parte de la prueba se vio en una franja muy definida, con “cuatro o cinco corredores por delante a tiro y otros tantos por detrás persiguiendo”, una situación clásica en la Ciudadela, donde la carrera se estabiliza más por desgaste que por ataques largos. El balance, aun así, fue positivo. Orts se mostró “contento con la posición”, especialmente después del parón previo y con la sensación de que las piernas empiezan a responder mejor según avanza la competición.
El alicantino fue claro también en el análisis del recorrido. “Ahora mismo los circuitos están muy duros y muy secos”, explicaba, consciente de que no es el escenario que más le favorece. “Necesito que haya más barro, más caos, porque ahí es donde puedo sacar un punto más de ventaja”. Namur, rápido y exigente, le dejó esa lectura nítida: el nivel está, pero el contexto todavía no juega del todo a su favor.
Cuatro voces, cuatro lecturas distintas, un mismo escenario. Namur volvió a exigir verdad y dejó respuestas sin maquillaje. No hubo grandes titulares, pero sí una sensación compartida: la de estar construyendo el invierno a base de fines de semana como este, donde cada palabra pesa casi tanto como cada subida.



