En Flamanville no hacía frío de montaña, sino ese aire húmedo que viene del canal y que cala más por insistente que por intenso. Entre el castillo, el lago y las praderas inclinadas, la Copa del Mundo vivió su segunda entrega con un escenario reconocible: repechos breves, césped pesado, tablones situados donde más duelen y un trazado que obliga a mirar siempre diez metros por delante. Sin Felipe Orts esta vez, España llegó con una delegación amplia que repartía presencia en todas las mangas: Kevin Suárez, Mario Junquera y Javier Zaera en la élite masculina; Sofía Rodríguez y Ana López en la élite femenina; y un bloque juvenil formado por Benjamín Noval, Martín Fernández, Axel Roy, María Gutiérrez y Jara Portero.
La élite masculina arrancó avanzada la tarde, con el circuito ya marcado por las categorías de base. Joris Nieuwenhuis quiso tensarlo desde el comienzo, estirando el grupo en cada subida y obligando a Nys, van der Haar, Mason y Sweeck a correr siempre incómodos. Nys, que venía de dominar en Tábor, tuvo que sobrevivir a una carrera repleta de sobresaltos: un problema de cadena en plena aceleración, una caída en una zona de arboleda y una remontada que, por momentos, parecía escrita para otro día. Pero el belga se recompuso como si nada. Cuando Nieuwenhuis sufrió su propio percance mecánico, Nys leyó el gesto, apretó donde el circuito se retorcía y se marchó con la misma determinación del fin de semana anterior. Van der Haar aseguró el segundo puesto y Mason, creciendo vuelta a vuelta, firmó un podio muy trabajado.
Para el ciclocrós español fue un día de mucha pelea. Kevin Suárez se movió durante gran parte de la prueba en esa franja donde cada hueco depende del tráfico más que de las piernas, y aun así alcanzó la zona media-alta de la clasificación, confirmando que su constancia en Copa del Mundo ya no es casualidad. Mario Junquera completó una actuación sólida, fiel a su línea ascendente internacional, manteniéndose estable en la lucha por el top-30; mientras que Javier Zaera, aún dando sus primeros pasos del año en este nivel, cerró una carrera honesta en un escenario poco indulgente con los debutantes.
Van Alphen abre una puerta que llevaba años llamando
La élite femenina había dejado por la mañana una historia distinta, pero igual de contundente. Aniek van Alphen aprovechó un circuito que premiaba la explosividad para firmar la primera victoria de su vida en la Copa del Mundo. Respondió a los primeros ataques de Amandine Fouquenet, se asentó en cabeza cuando las trazadas empezaron a marcarse y, a partir de ahí, construyó un triunfo sin adornos pero sin resquicios, una de esas carreras en las que la ganadora parece pedalear medio paso por delante del resto.
Fouquenet, espoleada por el público francés, defendió con uñas y dientes el segundo puesto ante una Ceylin del Carmen Alvarado que vuelve poco a poco a su mejor versión. Entre ellas se resolvió la persecución, mientras más atrás Sofía Rodríguez mantenía un ritmo firme en su estreno mundialista del año, asentándose en un segundo grupo donde nadie regalaba ni medio metro. Ana López, aún en edad sub-23, completó su primera aparición en una manga élite de Copa del Mundo midiendo bien los esfuerzos y cruzando meta con la sensación de haber dado un paso importante en su proceso de internacionalización.
Sub-23: la tarde francesa, sin españoles en parrilla
La sub-23 masculina fue territorio local. Aubin Sparfel encontró ritmo y valentía para mandar desde el inicio y se fugó con una limpieza que sólo permiten los días perfectos. Corsus y Viezzi completaron el podio en una carrera que expulsó por desgaste a un Haverdings irreconocible respecto al domingo anterior. Para España, sin participación en esta manga, quedó la lectura de un circuito que se endureció vuelta a vuelta y que preparó el escenario para la explosión juvenil que llegaría después.
Noval firma en Flamanville un resultado que trasciende números
La carrera junior masculina abrió la mañana con una intensidad impropia de la categoría. El italiano Filippo Grigolini dominó en cabeza y resolvió la victoria con autoridad, pero el foco español se quedó solo unos metros más atrás. Benjamín Noval interpretó la prueba como un veterano: salió adelante, sostuvo el ritmo frenético del primer grupo y sobrevivió a los cambios de ritmo en la campa inclinada junto al lago. Su sexto puesto fue, más que un resultado, un aviso: España tiene por fin un junior capaz de pelear de tú a tú en circuitos World Cup.
Martín Fernández, en su estreno internacional, navegó entre grupos profundos y salvó una carrera difícil con las ideas claras y sin hundimientos; Axel Roy, algo más atrás, completó también su primera participación mundialista con un rendimiento de menos a más que dejó buenas sensaciones para lo que viene. Flamanville fue, para ellos, un bautismo áspero pero valioso.
Revol y el rugido francés, con bandera española en la batalla
La manga junior femenina cerró la mañana con un dominio absoluto de la francesa Lise Revol, que abrió hueco desde las primeras curvas y no lo soltó en ningún momento. La italiana Giorgia Pellizotti y la checa Lucie Grohová completaron un podio muy similar al de Tábor, confirmando jerarquías en una categoría que viene muy afinada.
Para España, la carrera dejó también su propio relato. María Gutiérrez firmó un paso firme por Flamanville, siempre en lucha dentro de grupos numerosos que se fracturaban al mínimo error. Jara Portero, algo más atrás, sostuvo el tipo en un circuito sin descanso, completando un esfuerzo que suma experiencia de la que realmente cuenta en edad junior.



