Con solo 21 años, la australiana Sarah Gigante ya ha vivido más altibajos en el deporte que muchas de sus colegas más veteranas. Enfermedades y lesiones varias han estado tan presentes como el éxito en su carrera deportiva hasta el momento, pero ahora se encuentra en plena progresión y dispuesta a volver por sus fueros mientras aprende de las mejores en Movistar Team. En vísperas, precisamente, de su primera victoria en suelo europeo en la Emakumeen Nafarroako Klasikoa, tuvimos la oportunidad de compartir una larga y distendida coversación con la simpática y encantadora ciclista de Melbourne.
Texto: Saúl Miguel
Fotos: Sprint Cycling Agency / Movistar Team y Naike Ereñozaga (@naikefotosport)
Cuestión de familia
Cuando uno tiene la oportunidad de charlar con Sarah Gigante, lo primero que llama la atención es su positividad. Habla con una sonrisa casi constante dibujada en su cara, y en el tono de su voz se aprecia el entusiasmo propio de una niña. Pero, si hay una palabra más apropiada que ninguna otra para definir a Gigante como deportista, sería competitiva. Hay quienes descubren esa faceta suya en el deporte tras ver alguna competición, o por seguir a algún ídolo deportivo. Gigante no necesitó nada de eso en su día; podría decirse que casi nació con ello, y su entorno puso el resto.
«Vengo de una familia activa, acostumbrados a pasar vacaciones en plan camping. Algo que nos encantaba hacer cada año era la llamada Great Victorian Bike Ride, en Victoria, Australia. Básicamente se trata de un viaje de camping en el que te desplazas en bicicleta, junto a otras familias y grupos escolares. Se ruedan unos 90 kilómetros diarios como media, durante 9 días, durmiendo en tiendas de campaña y cargando con tus pertenencias de una parada a otra. Es muy divertido, una experiencia genial. La primera vez que lo hice tenía 5 años, y repetí con 6, pero entonces con mi madre cargándome a la espalda. A los 7 años ya lo hice en tándem, pero aún así terminé diciéndole a mi madre que ya me había cansado de ir todo el rato tras ella», nos recuerda.
Así es como despertó su naturaleza competitiva. Para la siguiente ocasión, con 8 años, ya quería hacerlo por sí misma en su propia bici, aunque fueran cerca de 600 kilómetros en una semana. Un largo camino, sobre el que su madre albergaba dudas. «Mi madre se puso a buscar ‘clubs ciclistas para niños’ en Melbourne y entre ellos apareció el Brunswick Cycling Club. No era el más cercano -vivíamos en las afueras de Melbourne, y el club estaba más céntrico- pero parecía el mejor para mí, pues estaba enfocado a que los niños pasasen un buen rato con sus familias. Metimos la bici de mi hermano en el maletero del coche y fuimos allí un domingo por la mañana. Nos topamos con el hombre que llevaba la sección dedicada a los niños que empezaban; un hombre llamado Dave, que vestía siempre en extravagantes ropas de color rosa, pues decía que eso lo hacía menos intimidante para los chicos», dice Sarah con una divertida expresión.

La historia continúa: «En cuanto salimos del coche, Dave me saludó y nos dijo que la bici que traíamos no era adecuada. ‘¡Necesitas una bici de verdad!’, dijo, y resultó ser una bici de pista. Sin cambios, sin frenos… Con esa bici, mi primera carrera fue una contrarreloj en el velódromo que llamaban el desafío de los 30 segundos, pues si eras realmente buena podías batir esa marca. Era algo más de una vuelta. Tardé 1 minuto y 28 segundos. ¡Una de las niñas más lentas!» Pero fue el comienzo de algo. «Empecé haciendo pista ese año y me encantó. Cuando terminó -y las actividades no se retomarían por otros 6 meses- me encontré echándolo tanto de menos que me fui consciente de que había encontrado mi deporte. Aún practicaba otros, como baloncesto, natación… pero me había enamorado del ciclismo.»
Tanto es así, que continuaba dando vueltas tras la finalización de las carreras, por puro placer. Sus aventuras con el ciclismo en ruta empezarían un año más tarde, pero Gigante siguió practicando pista durante un largo tiempo. «Dave me permitía entrar al velódromo cerrado, que normalmente era para los chicos mayores, más rápidos. Al principio era tan lenta que no podía competir contra nadie. Cuando fui adquiriendo velocidad comencé también con el ciclismo en ruta, y seguí combinando ambas disciplinas hasta los Mundiales junior; tras ellos me centré en la carretera. No fue una decisión de un día para otro; no es que de repente me dejase de gustar la pista, sino que simplemente me enganché más a la ruta», añade.
El derecho a soñar
Por entonces, cuando estaba dando sus primeras pedaladas, Gigante ni siquiera era consciente de la existencia del deporte profesional. Fue más tarde, una vez que ya había empezado, cuando empezó a ver ciclismo en la televisión. «Me gustaba ver los Juegos Olímpicos más que ninguna otra cosa. Me sentaba a ver pista y allí me quedaba, hasta que terminaba la sesión. Pero al principio ni siquiera sabía que había algo con lo que ni siquiera podría soñar con hacer una carrera profesional de ello, simplemente me encantaba ir rápido sobre la bici.»
El enorme crecimiento del ciclismo femenino en los últimos añoshace mucho más sencillo para las niñas el ser conscientes de la existencia del profesionalismo, como una inspiración para empezar. Sarah recuerda lo diferente que era no hace tanto tiempo. «Incluso en el momento en que me di cuenta de que había algunas profesionales de gran nivel, tampoco se emitían carreras en televisión. Solamente durante los Juegos Olímpicos podía ver a las mujeres del mismo modo que podía ver a los hombres», señala, mientras continúa describiendo lo diferente que puede ser el impacto ahora para una niña. «El Tour de Francia no era la clase de carrera que me cautivaba. No porque lo que hacían los chicos no fuera espectacular, sino porque es fantástico admirar a alguien e imaginarte allí a ti misma, y no podía imaginarme en el Tour porque no corrían mujeres allí.»
Bajo su punto de vista, tener un Tour de Francia Femmes este año va a ser un punto de inflexión precisamente por esa razón. «El hecho de que muchas niñas de todo el mundo vayan a poder ver el Tour y un pelotón de mujeres allí no significa necesariamente que cualquiera de ellas vaya a poder correrlo algún día, pero está genial poder soñar con ello, y marcará la diferencia.»
Altibajos y el shock de debutar en Europa
Hablando de puntos de inflexión, un momento determinante en la carrera deportiva de Sarah Gigante fue el día que ganó el campeonato nacional de ruta en 2019. Lo hizo a los 18 años, con un gran ataque en solitario ante todo el equipo Mitchelton-Scott. «Fue curioso, pues dos días antes había sido el criterium nacional, una de mis primeras carreras como sub-23, tras haber competido la semana anterior en los Bay Crits, a principios de enero. Recuerdo, especialmente tras el criterium nacional, que el salto entre la categoría junior y sub-23 parecía durísimo; no hasta el punto de hacerme pensar en tirar la toalla en absoluto, pero me hizo pensar en todo el trabajo que me quedaba por delante, pues era una locura lo fuertes que eran las mujeres élite. Así que cuando crucé la línea de meta un par de días más tarde como ganadora del nacional me di cuenta de que sí, el salto era enorme, ¡pero no algo imposible! Ese fue el día que me hizo ver que podía soñar a lo grande» concluye con una gran sonrisa.
Para el espectador, lo que suele quedar en el recuerdo es una gran victoria. Pero, cuando le preguntamos sobre la actuación de la que siente más orgullosa, Gigante no elige necesariamente un triunfo, y ofrece una respuesta más elaborada. «Normalmente lo que me enorgullece más es cuando tengo que trabajar muy, muy duro para sobreponerme a algo difícil, sin tirar la toalla», afirma. «He pasado por unos cuandos momentos complicados, en los que tuve que trabajar muy duro. Hay un par de carreras que me dejaron en shock, que fueron una gran sorpresa, con mucho trabajo por detrás. Una fue ese nacional de ruta, y la otra el nacional de contrarreloj un año después.»
Sarah continúa con algo diferente. «Tuve un 2020 difícil, sin competir apenas en Europa, ni siquiera antes del covid. Cuando llegó la pandemia, ya no pude regresar a Europa en todo el año, atrapada en el confinamiento de Melbourne. Fue larguísimo. Disponíamos de un radio de 5 kilómetros para poder rodar en el medio de la ciudad, y podíamos estar fuera una hora diaria para hacer ejercicio, durante 12 semanas. Fue un año muy complicado mentalmente, viendo las carreras de Europa pero viviendo aún confinados y sin poder salir a entrenar en grupo, que es lo que más me gusta. Pero me produce orgullo el ver cómo seguí trabajando todo el año.»
Ese orgullo no solo surge de sí misma, sino también por todo el apoyo que recibió. «Por supuesto, mi madre estuvo ahí todo el tiempo, y también tuve un gran apoyo de Dylan Lindsey, mi entrenador por entonces. Fruto de ello salí de ese año tan difícil en la mejor forma de mi vida; la que aún a día de hoy es la mejor forma en la que haya estado. Gané el Santos Festival of Cycling y el nacional contrarreloj. No fueron tanto las victorias, sino el haber superado tantos obstáculos y el haber tenido el apoyo de gente increíble para llegar a estar más fuerte que nunca. Fue realmente especial.»
Para Gigante, por entonces integrante del equipo estadounidense TIBCO-SVB, 2021 sería por fin el año en que conocería de verdad lo que es competir en Europa, tras una primera y demasiado breve toma de contacto en 2020. Fue casi como descubrir un mundo completamente nuevo. «Continúo aprendiendo. Sigue pareciéndome demasiado caótico, y no es como la forma de correr que conocí como junior en Australia; nada que ver. El pelot´n es mucho más grande, la forma de correr de los equipos totalmente distinta… Incluso antes de esta semana en España, he de decir que nunca había afrontado ningún descenso que durase más de unos 10 minutos, con todas esas herraduras. Hice 7 carreras en Europa el año pasado, y hasta ahora 5 en la presente temporada, pero no es suficiente como para sentirme natural en ellas, ni mucho menos.»

Continúa describiendo cómo se siente la forma de correr en Europa, y más específicamente en Bélgica. «Si pasamos por alto esta última semana con carreras españolas -que me encantan- sólo he competido en Bélgica estos dos últimos años, con la excepción del Trofeo Binda en Italia. ¡Es un shock! Cosas como los adoquines, o esas colinas cortas y empinadas, es algo que no tenemos, y a eso hay que sumarle el frío. Pero lo peor de todo fue el viento de costado», admite con humor. «Recuerdo cómo casi me tira de la bici durante una carrera en 2020. Es un gran salto para cualquier australiano, y casi parece un deporte diferente al principio. Pero poco a poco voy empezando a sentirlo más como el ciclismo que disfrutaba en Australia.»
La ruleta rusa olímpica
Sarah Gigante fue seleccionada para los Juegos Olímpicos de Tokyo el año pasado, como integrante del equipo australiano tanto para la contrarreloj como para la carrera en línea. Indudablemente un sueño hecho realidad para una ciclista de 20 años, pese a que su preparación no fuera ni mucho menos idea. Una mala caída durante la Flecha Valona, con fractura de clavícula, codo y peroné como consecuencia, puso fin prematuro a su capaña primaveral de clásicas. Gigante recuerda la ruleta rusa de emociones. Terminó 11ª en la contrarreloj, a solo un segundo del top-10. «Mi primera impresión fue de decepción. No había competido durante tres meses, entrenando todo ese tiempo con el foco puesto en Tokio, mientras continuaba yendo a las sesiones de fisioterapia para recuperarme. Creo que fue un proceso demasiado largo. Y tampoco tenía ni idea de qué esperar», admite, «pues nunca había competido a ese nivel internacional; nunca había estado en unos Campeonatos del Mundo.»
Pero aquella impresión inicial tardó poco en cambiar para mejor. «Inicialmente fue decepcionante, pero entonces pensé ‘oye, soy una atleta olímpica, algo con lo que ni había soñado, incluso en la misma víspera de que fuese anunciada la selección’. La decepción inmediatamente tras la carrera pasó cuando 24 horas más tarde fui consciente de que había dado lo mejor de mí misma, que hice todo lo que pude, especialente en esos tres meses previos al evento. Es fácil sentirse de bajón tras una cita tan esperada. Cuando llevas tanto tiempo esperando algo y de repente ya ha pasado, es difícil sobrellevarlo, lo que me parece completamente normal. Pero no tardé mucho en darme cuenta de que había logrado esta en unos Juegos Olímpicos con solo 20 años. Me enorgullece todo lo que tuve que superar y el apoyo que recibí. Y, por encima de todo, me hace feliz que pude estar allí y vivir la experiencia.»
Y, entonces, llegó el punto más bajo de la ruleta rusa que define la carrera deportiva de la australiana. Poco después de Tokio comenzó a sentirse mal, y fue diagnosticada con miopericarditis. Incluso para alguien con semejante entusiasmo y aparente alegría de vivir como es Sarah Gigante, fue difícil mantener el optimismo. «Particularmente durante las primeras semanas, cuando estaba más enferma y todo parecía tan incierto, la sensación era horrible. En aquel momento lo que lo hizo soportable fue el apoyo que tuve. Era una situación muy desagradable, y daba miedo, pero tuve la mejor ayuda posible. Al principio mi madre no podía salir de Australia por las restricciones para viajar, pero mi hermano, que vive en Estados Unidos, vino y estuvo todo el tiempo conmigo. Muchos de mis compatriotas que viven en Girona también me visitaron. Todo esto ayudó a que las cosas fuesen bien. Aunque no fue fácil, pude salir de ello.»
Hubo también una frase que una de las anteriores compañeras de equipo de Gigante le dijo en su día, cuando se encontraba dolorida e inmovilizada tras romperse ambos brazos en una caída previa: «Sarah, ahora es una mierda, pero un día todo esto solo será un mal recuerdo». A día de hoy no ha olvidado esas palabras de ánimo.
Gigante aún se encontraba en pleno proceso de recuperación cuando saltó la noticia de su fichaje por Movistar Team por tres temporadas. Eso le dio otro motivo para mirar hacia delante. Menciona con énfasis la paciencia y compresión que el equipo mostró con ella desde el principio. «Ni siquiera había empezado a entrenar de nuevo, pero me decían que no me preocupara, que había muchas opciones para empezar la temporada más tarde. Abril, mayo… no había prisa. Eso estuvo genial. Las ganas de conocer a mis nuevas compañeras y toda esa gente genial siempre estuvo en mi mente como una motivación extra. Una vez que pude volver a entrnar de nuevo todo parecía fácil; nunca he tenido problemas para motivarme, pero esta vez fue especialmente fácil. Me sentía agradecida por poder andar en bici de nuevo, por estar sana, y por tener un futuro brillante que esperar. Recuerdo lo emocionada que estaba antes de la primera concentración con el equipo en enero.»

Sobre ejemplos a seguir y la (no) parada del café
Cualquiera que sepa algo sobre Sarah Gigante ya habrá percibido a estas alturas su admiración desde hace años por Annemiek van Vleuten, como atestiguan viejas entrevistas, mucho antes de empezar a correr en Europa. Ahora son compañeras de equipo en Movistar Team. «Está genial», afirma con entusiasmo. «La he admirado desde los Juegos Olímpicos de Río, en 2016. Después de Río, creo que ese mismo año, vino a Australia e hizo alguna carrera durante el verano australiano. Creo recordar que yo estaba en mi primer año como junior, y nos permitieron competir contra las élite. Aunque no terminé, pues creo que me terminaron expulsando de carrera, recuerdo verla en la salida y pensar que era increíble estar allí con ella.»
«Más tarde, en una ocasión en que fui a Bélgica en 2019, corrimos algunas kermesses por allí, y en una de ellas participaban Marianne Vos, Anna van der Breggen y Annemiek van Vleuten. Desconozco el motivo; era una carrera muy pequeña, pero habían venido todas, y lo pasé genial, haciendo selfies y todo eso. Así que, ser ahora compañera de equipo de Annemiek… no fui de mucha ayuda en Dwars [nota: la única carrera que han compartido hasta ahora] pero espero poder ayudarla en próximas carreras, me encantaría. Es guay también que sea también una persona muy agradable, con los pies en el suelo. Una más del equipo», menciona Sarah.
Si tenemos en cuenta que prácticamente todos los ciclistas del mundo parecen amar el café, llama la atención que Gigante sea la excepción que confirma la regla. Sí, lo habéis leído bien: no le gusta el café, pese a venir de Melbourne. «Al parecer, el café de Melbourne es uno de los mejores del mundo. Allí es donde he hecho también todas esas salidas en grupo que tanto me gustan, y sí, todo el mundo acaba diciendo lo de ‘¡hey, la parada del café!’, y yo ahí sentada como un bicho raro con mi botella de agua», indica mientras se ríe.
Viviendo a la europea
Como muchos otros australianos y ciclistas angloparlantes, Sarah vive en Girona y pasa allí la mayor parte de la temporada ciclista. Como ya se ha comentado, la forma de correr en Europa puede resultar intimidante para Aussies sin experiencia, y no se puede ignorar el hecho de que, además, se ven obligados a pasar meses lejos de su tierra, de su familia y de sus amigos. Como ella misma admite, eso lo hace aún un poco más difícil. «Los horarios también lo complican pues, si salgo a entrenar por la mañana, a la hora de regresar mis familiares y amigos australianos ya están durmiendo, por lo que una de mis tácticas es no salir a entrenar antes de las 13 horas, de modo que puedo emplear la mañana en hablar con ellos. También me gusta completar mi trabajo universitario temprano, pues soy más productiva por las mañanas.»

Otra de sus «tácticas» es trata de hacer de Europa su casa en la medida de lo posible. «Como decía, trato de mantenerme en contacto con familiares y amigos, pero también intento hacer amistades aquí, pues es duro si sientes en todo momento que estás lejos de casa. Me encanta mi casa actual en Girona; incluso tras Binda me di cuenta de que había dicho ‘hey, me voy a casa’, y me estaba refiriendo a volver a Girona. Tengo suerte de compartir apartamento con dos estupendas compañeras. Al principio vivía por mi cuenta, lo cual puede llegar a ser bastante solitario. Puesto que estuve un tiempo sin competir el año pasado, llegué a pasar meses sin hablar con nadie [se ríe], al menos en persona, lo cual fue culpa mía también. Aquello no fue bueno, y estoy mucho más feliz ahora. Vivo con Ruby Roseman-Gannon y Kristen Faulkner, ciclistas ambas del Bike Exchange. Esto supone que tengo con quien hablar cada día, y es más fácil planear salidas cuando vivimos juntas. Estoy muy contenta de dónde vivo ahora. Marca la diferencia.»
Un futuro brillante
Generalmente es más complicado describir a una ciclista cuando es más joven. Habrá quien diga que Sarah Gigante es una contrarrelojista, mientras que otros quizá mencionen la palabra escaladora. Ella dice rápidamente: «¡Sprinter!» Obviamente bromeando. «No, me gustan todo tipo de carreras… excepto las adoquinadas», bromea de nuevo, con su eterna sonrisa. Ya de forma más seria añade: «Me encanta la contrarreloj y escalar. Cuanto más dura sea la carrera, mejor.» Una frase que suena extrañamente familiar para cualquiera que sepa algo sobre cierta compañera actual de equipo… «Cuando se trata de ver quién es más fuerte, ahí es donde puedo mostrar mis cualidades. Es lo que disfruto, una carrera de desgaste, en la que el pelotón va reduciéndose más o más, y la gente va al límite. Me encanta eso, cuando terminas completamente exhausta. Ese es el mejor tipo de carrera.»
También menciona cómo sería la carrera de sus sueños. «Tendría una contrarreloj un día sí y otro no, preferiblemente quebrada [se ríe], y el resto serían etapas de montaña.» Quizá no sea precisamente lo que más abunda en el calendario femenino, aunque últimamente la montaña va apareciendo con más frecuencia. Gigante también está centrada en mejorar sus puntos débiles. «Algo en lo que mi equipo quiere que mejore es mi potencia explosiva para las subidas cortas y empinadas que están presentes en muchas carreras.»
Como mencionábamos inicialmente, esta entrevista tuvo lugar un día antes de la Emakumeen Nafarroako Klasikoa, carrera que Sarah Gigante terminaría ganando y, con ello, logrando su primer triunfo con los colores de Movistar y también el primero en Europa. Pero ya antes de eso se apreciaban señales obvias, en las competiciones recientes, de que el talento de la australiana estaba volviendo por sus fueros tras tantos meses de incertidumbre y recuperación. Algo que ha sido importante para ella, mentalmente. «Claro. No me preocupaban tanto los resultados y todo eso, pero esa sensación de volver a lo normal es lo que me hace tan feliz. Por fin puedo dejar atrás todo lo ocurrido el año pasado, cerrar ese capítulo. Estoy en el camino de seguir haciéndome más fuerte y mejorar como ciclista.»
«Ya es muy satisfactorio que sea capaz de hacer mi trabajo de nuevo en las carreras, y además mis compañeras han estado brillantes a la hora de rematarlo», nos dice. Gigante fue parte esencial del engranaje del equipo en la Vuelta a Andalucía, contribuyendo a la victoria de Arlenis Sierra y, de paso, obteniendo ella misma un más que decente puesto en la clasificación general: 15ª. Algo similar puede decirse de su labor para Jelena Eric en el GP Ciudad de Eibar. «Siento que las aguas van volviendo a su cauce. Cada vez estoy más fuerte, y he descubierto un nuevo tipo de carreras que me encantan, mientras sigo aprendiendo en cada una de ellas. Me encanta.»

En cuanto al resto de 2022, Gigante aún tiene mucho que ofrecer, y muchos retos ante los que sentirse motivada. Uno de ellos es, obviamente, el Mundial en Wollongong, Australia. «Me encantaría ir. Es la primera vez que va a existir un Mundial sub-23 femenino, o al menos que se otorgue un maillot, y es mi último año en la categoría. Va a ser difícil entrar en la selección, pues no hay puestos específicos para las sub-23, sino que tienes que abrirte paso entre las élite, y hay muchas australianas fuertes. Si pudiera estar, sería sin duda uno de mis grandes objetivos, especialmente la contrarreloj. También la prueba en línea tiene mucho desnivel y me gusta.»
Continúa añadiendo: «No tienes todos los días unos Campeonatos del Mundo en Australia y, siendo un evento al que mi familia podría asistir, sería impresionante, pero claro, es difícil al no saber si voy a ser seleccionada o no. Creo que, de tener que mencionar un objetivo, sería terminar la temporada, mirar atrás y con suerte haber tenido muchos días de competición, poder decir que lo disfruté, que aprendí mucho como ciclista -especialmente de la forma de correr en Europa-, que fui una buena compañera de equipo, y que lo pasé bien. ¡Y que di lo mejor de mí! Pero siempre lo hago, así que espero que no sea un problema», concluye con su clásica sonrisa.
Tendremos más sonrisas sobre ruedas en los próximos meses en Europa y, quizá, hacia el final de la temporada también en Australia.