Con su fichaje por Movistar Team, la temporada 2021 abre un nuevo capítulo en la carrera deportiva de Annemiek van Vleuten, ahora con colores diferentes y energías renovadas. En vísperas del arranque de su campaña, charlamos con la tres veces campeona del mundo y vigente campeona europea sobre las primeras impresiones en su equipo, así como una serie de cuestiones más generales en cuanto a su filosofía y forma de entender el ciclismo que complementan las tratadas en nuestra extensa entrevista publicada a finales del pasado año.
Texto: Saúl Miguel
Fotos: Photo Gomez Sport / Movistar Team (indicado) y Annemiek van Vleuten
Nuevos horizontes
Históricamente, los inicios de temporada no han sido el punto fuerte de Annemiek van Vleuten. La mayoría de sus victorias tienden a concentrarse en los meses veraniegos, una vez acumulados en sus piernas el número de kilómetros y horas sobre la bicicleta que su físico requiere. Un enfoque ideal para destacar en carreras que le han dado tantas alegrías como el Giro Rosa y los Mundiales, pero que tiende a chocar con otra de sus habituales ambiciones: las clásicas de primavera.
Van Vleuten cambió ligeramente su enfoque de pretemporada de cara a 2020. Tras un par de semanas sin tocar la bicicleta, viajó a Colombia a finales de 2019 para una larga estancia en altitud, a la que se sumó una segunda a principios de 2020 antes de su debut en Omloop Het Niewsblad. Recogió los frutos de esa preparación consiguiendo su primera victoria en la clásica flamenca, pero después llegó el confinamiento… y el resto es historia.
Para 2021, Van Vleuten ha podido repetir básicamente la misma preparación. “Fui a Colombia invitada por Simon Pellaud, el ciclista suizo que vive allí y corre en Androni Giocattoli.” Ya se conocían al haber coincidido un año atrás. “Diseñó un plan y lo seguí. Recorrimos algunas regiones durante varios días junto al hermano de Esteban Chaves, Brayan.”
Obviamente, existen riesgos asociados a viajar en medio de la situación provocada por la pandemia, pero todo marchó sobre ruedas, literal y metafóricamente. “No hubiera podido hacer lo mismo de haberme quedado en Países Bajos, no solamente por el factor de la altitud sino también mentalmente, la sensación de entrenar y rodar libremente”, añade.

De vuelta en Europa, llegó finalmente la hora de encontrarse con sus nuevas compañeras de equipo en la concentración organizada por Movistar Team en Almería. Siendo todo nuevo para ella, había lógicamente cierta incertidumbre. Sin embargo, terminó siendo una experiencia estupenda. “Al principio tenía un poco de miedo de que me costase mucha energía porque el 99 % de la gente era completamente desconocida para mí, pero ocurrió lo contrario. Volví a casa con energía adicional; las piernas cansadas pero la mente renovada. Superó mis expectativas.”
Van Vleuten menciona los motivos por los que fueron unos días memorables sobre la bici y fuera de ella. “La concentración en Almería fue genial porque pude conocer a mis compañeras pero también compartir algunos entrenamientos duros con los chicos. Fue la combinación perfecta de sesiones exigentes y relajadas con la oportunidad de conocer a todo el mundo”, dice.
«He tenido una pretemporada ideal en cuanto a los entrenamientos, incluyendo además muchos momentos de felicidad en lugares agradables con el equipo Movistar»
La pieza final en el puzzle de su preparación de pretemporada ha sido una segunda estancia en altitud, esta vez en las carreteras ya familiares de las Islas Canarias. “He completado un gran bloque de entrenamiento en Tenerife tras las sesiones de Almería. Han sido algo más de tres semanas, incluyendo alguna sesión de intensidad más de lo habitual. He tenido una pretemporada ideal en cuanto a los entrenamientos, incluyendo además muchos momentos de felicidad en lugares agradables con el equipo Movistar.”

Para alguien como ella, que con frecuencia valora tanto el proceso que lleva a sus objetivos como la consecución de los mismos, es importante el haber disfrutado de dicho trayecto. Le aporta confianza. “Confío en el proceso. Ha sido un buen periodo mental para mí y estoy convencida de que dará sus frutos”, comenta la ciclista neerlandesa, antes de añadir que, aunque espera estar ya a buen nivel en sus primeras carreras [Omloop Het Nieuwsblad y Strade Bianche], su mejor forma ha de llegar en las semanas comprendidas entre Flandes y las clásicas de las Ardenas.
Van Vleuten ha sido una habitual en los entrenamientos de pretemporada en Tenerife desde el año 2015, y desde entonces ha podido comprobar por sí misma cómo algunas cosas han ido cambiando para mejor, como que cada vez más mujeres hayan ido añadiendo la altitud como ingrediente a sus entrenos. “En años anteriores normalmente había una sola chica (yo) y tropecientos chicos” [se ríe]. “Ahora tengo más compañía para entrenar. Lo hace más fácil. Cuando tienes que estar aquí durante tres semanas y hacerlo todo por ti misma, se hace un poco más cuesta arriba.” Dicha compañía ha incluido varias de sus nuevas compañeras en Movistar, así como algunos de los compañeros, que también llegaron en los últimos días.
De nuevo, por tanto, otra oportunidad para seguir conociéndose mejor, y de paso un beneficio adicional: “Ha sido una excelente excusa para seguir practicando mi español”, asegura una Van Vleuten que parece muy satisfecha con sus progresos con el idioma.
El compromiso de Movistar Team con el desarrollo del ciclismo femenino ha parecido evidente desde la creación del equipo de mujeres en 2018, pero ahora Van Vleuten lo ha podido experimentar en primera persona. Es algo que no le ha pasado desapercibido. “Fue un honor y una sorpresa que me pusiesen en el centro de todas las fotos del equipo. Aquella imagen estilo avatar que publicaron primero fue toda una declaración de intenciones; una imagen que valió más que mil palabras.”

“Me encantó, pero no porque fuese yo quien estaba en el centro, sino porque fue una muestra de lo en serio que se toman el equipo femenino. Más que cualquier otro equipo en el que yo haya estado. Tratan a los hombres y mujeres con igualdad, y para mí ese es el gran paso. Ni siquiera a los chicos les resultó chocante que me pusieran a mí en el medio”, concluye con una divertida sonrisa.
«Espero poder contribuir en algo, pero no cambiar nada, porque no hay que cambiar lo que ya está bien. Es una de las razones por las que elegí Movistar Team»
Van Vleuten añade modestamente algunas impresiones más sobre sus experiencias iniciales en el equipo. “Hay una buena cultura y un gran ambiente aquí. Espero poder contribuir en algo, pero no cambiar nada, porque no hay que cambiar lo que ya está bien. Es una de las razones por las que elegí Movistar Team.”
“Cuando me uní a los chicos para algunas sesiones de entrenamiento, también invitaron al resto de mis compañeras, por si querían unirse. De modo que no es solo conmigo; todo el mundo cuenta por igual, y eso está genial”, continúa diciendo. Recordando su primera experiencia cuando compartió un día con el equipo masculino en 2014, en Sierra Nevada, Van Vleuten señala que “siguen manteniendo la misma mentalidad y espíritu que entonces, que es básicamente disfrutar y pasarlo bien entrenando juntos. ¡Alejandro volvió a ser el primero en atacar! Nada que ver con la edad.” Probablemente nadie se sorprenda al leer esto.
Tal y como ya ha mencionado, no es nada sorprendente que compartiese algunas sesiones de entrenamiento con los hombres en Almería. Las concentraciones con el equipo masculino se han convertido en un elemento habitual en las pretemporadas de Van Vleuten en sus últimos dos años en Mitchelton-Scott. Sin embargo, resta importancia a ese factor. “No es algo esencial para mí”, deja claro. “De los 365 días del año, entreno con hombres profesionales quizá 10 días. El resto lo hago por mi propia cuenta.”
Sin embargo, entrenar con pros masculinos no es solamente cuestión de añadir más intensidad o dureza para. Se trata también de hacer esos esfuerzos más llevaderos, más entretenidos. “Lo mejor de los días en que me uno a ellos, aunque sean duros, es que no me suponen desgaste mental. Dictan el ritmo por mí y me sacan de mi zona de confort al tener que seguirlos. Si tuviera que ‘empujarme’ de ese modo por mí misma sería más difícil mentalmente. Son días duros para mis piernas, pero también me divierto y me aportan energía.”

Continúa añadiendo motivos por los que es algo conveniente para ella. “La clave es que, a mis 38 años, necesito sesiones más duras para estimular más mi cuerpo, comparada con mis colegas más jóvenes. “Esto puedo lograrlo rodando más en cabeza, haciendo más horas o, como en esos casos, entrenando con hombres.”
Van Vleuten no olvida mencionar unas palabras de precaución para otras ciclistas. “No diría que mi plan de entrenamiento es conveniente para todo el mundo, y soy consciente de que no quiero ser un modelo a seguir para el resto a la hora de entrenar, especialmente de cara a corredoras más jóvenes. Es un proceso de años”, concluye.
Compitiendo contra ex-compañeras y amigas
Mitchelton-Scott ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de la carrera deportiva de Annemiek van Vleuten. Creyeron en ella y trabajaron conjuntamente para maximizar sus cualidades. Durante 5 años, el equipo australiano ha sido una especie de segunda familia para la neerlandesa. Uno se pregunta si le resultará difícil cambiar de chip y empezar a ver a sus antiguas compañeras como rivales a partir de ahora.
“No, en absoluto”, Van Vleuten indica rápidamente. “Se trata de hablar con las piernas, luchar de una forma respetuosa. Por ejemplo, Marianne Vos y yo somos muy buenas amigas, pero nos enfrentamos en cada carrera y eso me gusta. Creo que a ella también. Estoy acostumbrada a esto y ahora no va a ser diferente.” Su atención se centra en otro aspecto. “El reto ahora es cómo correr con mis nuevas compañeras y cómo sacar lo mejor del equipo. Mis antiguas colegas serán ahora más ‘Marianne Vosses’ en el pelotón, pues aún las veo como amigas.”
Se trata de la misma actitud que mantiene respecto al resto de integrantes del pelotón. “Veo a todas las demás como rivales a las que respetar. Por ejemplo, a veces invito a cenar a ciclistas de otros equipos en mi habitual hotel en altitud cuando entreno en Livigno, y al día siguiente estamos compitiendo unas contra otras. Es algo completamente normal.” Y añade, además, en cuanto a su anterior equipo: “He de decir que me encanta ver a Amanda Spratt dar el paso para convertirse en la líder. Está lista para ello.”
La procesión va por dentro
No son pocos los que parecen ver a Annemiek van Vleuten como una incansable máquina de entrenamiento, capaz de soportar sesiones durísimas. Una especie de guerrera que no rehúye el dolor y disfruta del sufrimiento. Y, aunque a veces haya manifestado en sus propias palabras que le gusta sufrir sobre la bici, es algo que hay que matizar.
En muchas ocasiones se cuestiona así misma y se ve puesta a prueba. “Me ocurre con mucha frecuencia, especialmente cuando tengo que hacer sesiones de mucha intensidad y sufrir al máximo. Te levantas y piensas ‘¿Por qué?’ El ciclismo es algo tan relativo, tan a corto plazo, que a veces te lo cuestionas. También hay días en que te preguntas si podrías hacerlo esta vez, si estás lo suficientemente en forma para ello.”
«‘¿Qué demonios estoy haciendo? ¿Por qué me hago esto?’ yo también tengo esos pensamientos. Solo soy una persona más, que a veces lo pasa mal. No soy un robot»
Es algo que también puede ocurrir en competición. “Durante el 99 % de las contrarrelojes que he disputado, tras solamente un kilómetro, he pensado: ‘¿Qué demonios estoy haciendo? ¿Por qué me hago esto?’ Es algo que comparto con mis compañeras, que yo también tengo esos pensamientos. Solo soy una persona más, que a veces lo pasa mal. No soy un robot”, admite Van Vleuten.

Pero también sabe encontrar la forma de lidiar con ello. Una especie de truco mental. “Tiendo a pensar que tengo una serie de puntos mentales que puedo utilizar cada año en cuanto a sufrir y llevarme al límite. Por ejemplo, cuando entreno con hombres no tengo la sensación de estar gastando esos puntos mentales. Sí, sufro, pero también lo paso muy bien con ellos.”
“Por esta razón tampoco me gusta hacer por ejemplo demasiadas contrarrelojes cada temporada; prefiero guardar esos puntos para las carreras en las que realmente estoy motivada”, continúa diciendo. “En ese sentido me veo diferente a Marianne Vos, por el hecho de que elijo unas carreras específicas en las que estoy lista para sufrir al máximo, tomar riesgos en competición y lo que la prueba requiera para intentar ganar, mientras que ella lo hace en todas las carreras. Creo que disfruta más que yo de ese proceso.”
Van Vleuten señala que tiende a disfrutar más de las salidas largas en bicicleta, enfatizando el lado más disfrutable de su deporte. “Los entrenos más largos me los tomo como una cicloturista y los disfruto muchísimo: los paisajes, las montañas, las oportunidades de ver diferentes partes del mundo.”
La evolución del ciclismo femenino es ahora
Pese a que queden muchos aspectos por seguir mejorando en el ciclismo femenino, no puede negarse que es un deporte en alza. El nivel de la competición y el número de carreras televisadas se ha incrementado dramáticamente en los últimos años.
Sin embargo, hace solo unos pocos años todo era muy diferente. En 2011, la única carrera mostrada en televisión fue el Mundial de Copenhage. Van Vleuten, que había ganado la Vuelta a Flandes ese año, participó allí. “Fue una carrera aburrida en un circuito también aburrido”, explica, “y me dejó un sabor a decepción porque fue una basura como escaparate para el ciclismo femenino. Era el momento del año para dejarnos ver y captar audiencia, pero el recorrido carecía de los ingredientes para hacer una carrera interesante, al ser tan llano. Lo mismo puede decirse de los primeros años de La Course en los Campos Elíseos, así que me alegra que hayan cambiado eso.”
«La Course 2018 me hizo darme cuenta de la importancia de la televisión para el desarrollo del ciclismo femenino»
Van Vleuten, al igual que probablemente muchas de sus colegas, sentía una fuerte responsabilidad en las raras ocasiones en que sus carreras eran emitidas en directo. “Por entonces me sentía realmente responsable, y también muy contenta cuando esas carreras sí tenían los elementos para dar un buen espectáculo.”
Dichos ingredientes son más fáciles de encontrar a día de hoy. Hay más y mejores carreras en el calendario, la mayoría con retransmisión en directo. “Una que me dejó con una sensación particularmente buena fue la Amstel Gold Race en 2019, cuando ganó Kasia Niewiadoma”, menciona como un ejemplo moderno. “Por supuesto, mi primera impresión fue la decepción al no haber sido capaz de alcanzarla antes de meta, pero la segunda fue que había sido un gran escaparate para el ciclismo femenino. También la forma de atacar de Kasia, fue algo que mostró mucha ‘grinta’. Fue una carrera genial y espectacular para el público.”
Otro ejemplo obvio que viene a la mente es la 5ª edición de La Course by Le Tour de France, ganada por la propia Van Vleuten en una espectacular batalla ante Anna van der Breggen. “La Course 2018 me hizo darme cuenta de la importancia de la televisión para el desarrollo del ciclismo femenino. Es el paso más esencial para atraer seguidores”, afirma.

Van Vleuten continúa enfatizando la importancia de la televisión en directo. “La gente habla de dinero y otros asuntos, pero he de decir que el primer paso es tener las carreras, que sean organizadas, y el segundo mostrarlas en televisión para ir construyendo una audiencia que quiera vernos competir. Percibo que los seguidores están aumentando, y ahora siendo menos responsabilidad para dar espectáculo porque ya tenemos un poco más de crédito”, concluye con una sonrisa.
En la mayoría de carreras femeninas, la alta montaña es un elemento escaso. Van Vleuten, posiblemente la mejor escaladora de la actualidad, ha conquistado varias cimas míticas en los últimos años, como el Izoard o el Zoncolan. Pero no quiere emplear energías en quejarse de la relativa ausencia de estos ingrediente en el calendario. “No quiero frustrarme ante cosas sobre las que no tengo control”, señala, utilizando una clásica expresión suya.
«Tener el Mortirolo o el Zoncolan ayuda a que la gente se identifique con lo que hacemos, pues conocen sus nombres, su historia»
Como en muchos otros aspectos del ciclismo, el punto de vista de Van Vleuten está condicionado por lo que considera que va en beneficio general del deporte, y no del suyo propio. “Me gustaría ver más carreras en las montañas, y por supuesto las grandes ascensiones me convienen”, admite, “pero ha de ser algo equilibrado, teniendo en cuenta el número de escaladoras que hay en el pelotón. Las carreras muy montañosas no serían necesariamente las más espectaculares de ver y eso también es clave para mí, el tener carreras que beneficien al ciclismo femenino en general y no solo a mí.”
Al mismo tiempo, reconoce que la inclusión de ascensiones legendarias en el calendario ayuda a potenciales seguidores a construir un vínculo con las corredoras y sus carreras. “Quiero dejar mi reconocimiento a la organización del Giro Rosa por añadir algunas subidas míticas y famosas casi en cada edición. Tener el Mortirolo o el Zoncolan ayuda a que la gente se identifique con lo que hacemos, pues conocen sus nombres, su historia.”
Menciona un ejemplo: “Este año, con La Course en un circuito con pasos por el Muro de Bretaña, aunque no sea alta montaña, tiene un nombre y ayuda al público a entender cómo de duro es lo que hacemos. Espero que también incluyan al menos una ascensión famosa cuando organicen el Tour de Francia femenino el próximo año.”
Los avances que el ciclismo femenino está experimentando actualmente no se manifiestan únicamente en el incremento de carreras televisadas y el nivel de la competición. El calendario también está creciendo y evolucionando cada año, con más y mejores carreras. Lógicamente Van Vleuten está disfrutando este momento. “La aparición de carreras nuevas significa mucho para mí. Ofrece un calendario renovado cada año. Para alguien como yo, que coge energía de las cosas nuevas, es fantástico. Nunca tienes la sensación de que es simplemente ‘otro año más’.”

“Con suerte, en 2022 tendremos el Tour de Francia femenino, una segunda edición de París-Roubaix… Es un desarrollo que continúa año tras año y me aporta mucha energía, y creo que es lo mismo para otras ciclistas y para los espectadores.” La generación actual es afortunada. Uno no puede evitar preguntarse si otras ciclistas exitosas de la misma generación de Van Vleuten, como Emma Johansson o Evelyn Stevens, hubieran seguido compitiendo en lugar de haberse retirado a una edad joven si el calendario y la popularidad de su deporte hace solo 4 o 5 años fuese como a día de hoy.
«La aparición de nuevas carreras es algo fantástico. Nunca tienes la sensación de que es simplemente ‘otro año más’»
Se ha criticado con frecuencia a ASO por su enfoque respecto al ciclismo femenino y su aparente desinterés en hacer crecer a La Course y convertirla en un evento más grande y sólido. Sin embargo, con la inclusión de la primera París-Roubaix femenina en el calendario actual y los planes para un Tour de Francia en 2022, las cosas parecen estar cambiando.
Además, sus planes parecen sensatos y, probablemente, la mejor opción realista para arrancar. ASO pretende que la primera edición del nuevo Tour femenino se inicie en París, el mismo día que el Tour masculino finaliza, y terminar el siguiente domingo tras 8 días de carrera, creando algo similar al estilo de una París-Niza. Esto dejaría un Tour de Francia de 4 semanas en julio si se incluyen las carreras masculina y femenina. También es una buena fecha en el calendario.
Van Vleuten concuerda en que parece un buen plan. “No creo que fuese posible atraer la atención que requerimos si se disputase un Tour femenino a la vez que el masculino, así que me gusta el concepto y creo en ello”, antes de añadir que “no tengo nada contra los Campos Elíseos; es una oportunidad espectacular para las sprinters y, combinado con otras etapas que se adapten a otro tipo de ciclistas, sería genial. No creo que necesitemos empezar directamente con 3 semanas. Una vuelta de 8-9 etapas sería perfecto como comienzo.”
Puntos de inflexión
Sería difícil elegir una sola entre la cantidad de actuaciones memorables que Annemiek van Vleuten ha ido dejando a lo largo de su carrera deportiva. El rango iría desde contrarrelojes hasta clásicas, pasando por alta montaña. Pero hay dos que tienen un significado especial para ella, incluso aunque la primera de ellas no le ofreciese ningún resultado. “Los Juegos Olímpicos de Río fueron mi punto de inflexión como escaladora. Fue la primera vez que fui capaz de soltar a todo el mundo subiendo. Me sorprendí a mí misma de lo fuerte que me sentía aquel día, e incluso antes de atacar me iba preguntando si las demás estaban dando el máximo, pues ni siquiera iba sufriendo.” Todos recordamos cómo terminó la historia en aquel descenso mojado, pero ella aún habla de la carrera con una sensación de orgullo por la actuación que tuvo. Con razón, seguramente.

Su segunda elección también es especial, aunque por motivos distintos. “La CRI en Bergen 2017 tiene que estar en esa lista. En Innsbruck 2018 estaba más relajada, pero en Bergen me presioné muchísimo porque quería demostrar después de lo de Río que podía rematar una gran carrera. Sabía que estaba en forma y que tenía una oportunidad de ser campeona del mundo por primera vez, pero tuve que lidiar con todos esos asuntos en mi cabeza. Además tuve lluvia, mientras que Van der Breggen rodó sobre carreteras más secas. La considero entre mis tres mejores actuaciones de siempre.”
«Bergen me supuso una liberación en cuanto a ser capaz de lidiar con la presión de lograr un objetivo importante»
Las imágenes de Van Vleuten explotando en lágrimas y abrazando a su madre al término de la competición fueron, efectivamente, memorables. “No lloraba por los recuerdos de Río, como creyeron algunos, sino porque pude demostrar finalmente que era capaz de hacer algo grande, especialmente tras haber arruinado también mis opciones de ganar el Giro de aquel año en la etapa de los abanicos.”
“Bergen me supuso una liberación en cuanto a ser capaz de lidiar con la presión de lograr un objetivo importante. Demostré que podía hacerlo y a partir de entonces pude empezar a competir de un modo más relajado.” Esto se haría obvio cuando, un año después, ganó su segundo arcoíris en contrarreloj en Innsbruck. Esa emoción cruda e incontrolable ya no estaba ahí.
Van Vleuten ha ganado prácticamente todo lo que una ciclista de sus cualidades puede ganar. Aún así, su ambición continúa intacta. “Me encantaría volver a ganar la Vuelta a Flandes. La gané en 2011, en un momento diferente de mi carrera, cuando era más bien una corredora de clásicas, corriendo en el equipo de Marianne Vos. Y hay dos carreras que nunca he ganado aunque haya estado cerca: Flecha Valona y Amstel Gold Race. Lógicamente están arriba en mi lista de deseos.”
La paradoja olímpica
Y, por supuesto, están los Juegos Olímpicos. Pero Van Vleuten está lejos de ser una atleta obsesionada con esa competición. Le gusta enfatizar la importancia del resto del calendario. “No quiero reducir un año olímpico a una carrera, o dos carreras. Hay mucho más. Me concentraré en la primera parte del calendario hasta la Vuelta a Burgos, y a partir de ahí cambiaré mi enfoque hacia Tokio. Es como funciono mejor. Hay muchas otras carreras bonitas y sería una lástima no darles la atención que merecen.”
«Temo que la carrera olímpica no sea precisamente el mejor escaparate de lo que el ciclismo femenino puede ofrecer»
Un problema adicional con los Juegos Olímpicos es que, a diferencia de la carrera en ruta masculina, que tendrá un pelotón de 130 ciclistas, para la femenina únicamente hay 67 plazas. Es algo que preocupa a Van Vleuten. “Relacionándolo con la responsabilidad de hacer el ciclismo femenino más interesante, temo que la carrera olímpica no sea precisamente el mejor escaparate de lo que el ciclismo femenino puede ofrecer. Pienso que, por ejemplo, Flandes o Amstel serán mucho más interesantes y representativas de lo que el nivel actual del pelotón puede ofrecer. Me encantaría que la carrera olímpica fuese espectacular porque todo el mundo la estará viendo. Pero, con únicamente 67 corredoras, muchos equipos no tomarán ninguna responsabilidad al ser demasiado pequeños”, añade.
Van Vleuten deja una nota más positiva, también: “Pero siempre estoy mirando también al futuro y me alegra que, para la siguiente edición, se planea que el número de participantes y el tamaño de los equipos sean más igualado a los de los hombres. Esto ha de hacerlo más interesante. Es una de nuestras grandes oportunidades para brillar.”

Mientras tanto, continúa explicando otros asuntos relacionados con esta competición. “La gente me suele mirar con expresión sorprendida cuando les digo que los Juegos Olímpicos será la carrera de prestigio con un nivel de competidoras más bajo en cuatro años, por culpa del limitado número de participantes. Aún así, espero que podamos ofrecer un buen espectáculo, pese a mis reservas.”
Eso es exactamente lo que sucedió en Río. Fue una carrera dramática, un tanto retorcida en su desarrollo y con un final vibrante, que atrajo la atención de muchos nuevos espectadores. Van Vleuten ha formado parte de la selección olímpica neerlandesa desde 2012 y no es ajena a ese incremento de seguidores entre cada edición. “Es importante, porque percibo que tenemos más fans con cada ciclo olímpico”, indica como nota final.