Una conversación con la actual campeona de Europa y tres veces campeona mundial
Texto y fotos: Saúl Miguel (salvo indicación expresa)
Challenge (reto, desafío) es una de las palabras que aparece con más frecuencia en una conversación con Annemiek van Vleuten. Y lo hace por una razón: esa constante búsqueda de desafiarse a sí misma es lo que mueve a la ciclista neerlandesa. Condiciona su forma de entrenar y las decisiones a lo largo de su carrera. Le aporta energía y motivación, manteniendo la necesidad de buscar nuevas metas, con un entusiasmo genuino y casi infantil, en el mejor sentido de la palabra, que hace más fácil de entender cómo aún continúa progresando y siendo ambiciosa, habiendo ganado ya casi todas las grandes carreras que pueden ganarse en este deporte.
Esta filosofía también explica en parte el motivo de que -de forma inesperada, para algunos- haya elegido Movistar Team como su destino para los dos próximos años, tras haber completado cinco exitosas temporadas con Mitchelton-Scott. Pero, por descontado, no todos estos retos son autoimpuestos. Muchos vienen de fuera, sea en forma de lesiones o contratiempos que ha tenido que superar a lo largo de los años, y otros han sido creados por su entorno, afectando mentalmente.
Superando dudas
Si uno se fija con detalle en sus resultados, ha habido muchos momentos en los años tempranos de su carrera en los que demostró un notable potencial escalador, como cuando ganó la etapa reina de la Emakumeen Bira en 2012, un final en alto en el Giro 2014 (en el que terminó 8ª en la general) o incluso su actuación en el Stelvio en su primer Giro, en 2010. Pero ni ella misma ni la gente de su entorno creyó en ello y ninguno de esos resultados se convirtió en un punto de inflexión en su carrera.

“Estaba en el equipo equivocado para desarrollar esas cualidades”, afirma. “Con Marianne Vos, Pauline Ferrand Prevot y Anna van der Breggen no necesitaban otra escaladora, así que no era el equipo adecuado para comenzar a creer en ti y que creasen un plan para progresar en esta faceta”. Ese punto de inflexión terminaría llegando, pero tendría que esperar unos pocos años. “Normalmente en un equipo hubieran pensado ‘oye, tiene ciertas cualidades y vamos a trabajarlas’, pero eso sucedería cuando fiché por Mitchelton-Scott [2016, entonces llamado Orica-AIS]. No tenían una escaladora, tampoco una ciclista para clasificaciones generales, y empezaron a creer en mis cualidades. De esa forma empiezas a ser parte de un plan”.
“Siempre me habían dicho que no era una escaladora. Se termina convirtiendo en una especie de mantra que se mete en tu cabeza”
Sin embargo, las dudas heredadas de años anteriores no iban a desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. “Cuando dijeron ‘tal vez deberías ponerte el Giro como objetivo’ respondí ‘de ninguna manera; ¡no soy una escaladora!’, porque eso es lo que siempre me habían dicho: que podía ganar quizá el 95 % de las carreras, pero no las de montaña. Es algo que se te empieza a grabar en la mente, que no era una escaladora. Era una clasicómana, pero no una escaladora. Era fuerte, pero no para subir. Se termina convirtiendo en una especie de mantra que se mete en tu cabeza. Me llevó algún tiempo eliminar esa mentalidad y darme cuenta de que realmente podía escalar”.
El arte de competir contra el reloj

Van Vleuten es una doble ganadora del campeonato del mundo de contrarreloj, además de cuatro veces campeona nacional en la disciplina. Se ha impuesto en un asombroso 78 % de las contrarrelojes que ha disputado en los últimos cuatro años: una media de más de tres victorias en cada cuatro competiciones. Sin embargo, también llevó su tiempo el dominar esta disciplina, si es que puede decirse que se llega a dominar un tipo de esfuerzo tan complicado.
Pero en este caso existe una explicación más práctica, en lugar del aspecto mental. Un ejemplo evidente es el modo en que tuvo que preparar el Mundial de 2014, tras haber arrasado a sus rivales en la primera etapa del Lotto Belgium Tour, así como haber ganado, meses antes, su primer título nacional contra el crono.
“En 2014 fui seleccionada por primera vez con el equipo neerlandés para la contrarreloj individual de los Mundiales. Sí, en esa ocasión fui con la ambición de ganar. Pensaba que podía lograr la victoria. Comenzaba a creer en mis propias condiciones en la disciplina, pero he de decir que ni siquiera tenía una bici de contrarreloj en casa. Así que, hasta entonces, tampoco ellos creían en mis cualidades como contrarrelojista. Cada vez que quería entrenar la especialidad, tenía que conducir una hora hasta la sede de Rabobank para poder usar la cabra”.
Desafortunadamente, Van Vleuten no tendría oportunidad de disputar el título, por culpa de la caída del equipo Rabobank en la crono por escuadras unos días antes. Al recordar aquellos días, su expresión casi se torna en sorpresa: “Rabobank era un equipo grande, y una formación neerlandesa, pero no teníamos bicis de contrarreloj en casa y es algo ridículo, si lo piensas ahora; cuando te seleccionan para unos Mundiales y tu objetivo es la contrarreloj, se supone que has de entrenar un poco más sobre la cabra, de modo que para mí casi parece como estar mirando a un mundo diferente cuando veo que aquello solo ocurrió hace unos pocos años. Esto también te puede dar una idea sobre cómo es difícil creer en ti misma como especialista cuando ni siquiera tienes una bici de contrarreloj en casa”.
Al observador avispado no le pasaría desapercibido que, por aquellos días, Rabobank no parecía ser capaz de rendir en las contrarrelojes por equipos al nivel que la suma de sus partes individuales haría presuponer. Era en gran equipo de su época, la gran constelación de estrellas, pero no en ese tipo de esfuerzo. “Había dos razones que lo explican”, confirma Van Vleuten. “Una, que no tuviéramos las cabras en casa, con lo que no podíamos entrenar habitualmente sobre ellas, y otra es que el equipo solo tenía un mecánico. Puedes entender que, con un mecánico para doce ciclistas, no había espacio para ningún tipo de desarrollo en cuanto a rendimiento para hacer las bicis más rápidas”.
Casi parece estar hablando de la prehistoria, en un deporte tan condicionado por las preparaciones milimétricas, detalladas y científicas, donde cada pequeño detalle cuenta. “Recuerdo que por aquel entonces se comentó que quizá podría hacerse algo con los rodamientos, o proporcionarme unas ruedas más rápidas para el Mundial, pero al final nada de eso llegó a hacerse. No puedo echarle nada en cara porque hacía todo lo que podía por sí mismo; el equipo no tenía presupuesto para otro mecánico o un responsable de rendimiento en aquella época, mientras que otras escuadras ya disfrutaban de ello, así como de apoyo por parte de las marcas para hacer las bicis más rápidas. Parte del proceso de mejorar en contrarreloj tiene que ver con el material. Hicimos algún test en velódromo aquel año, pero poco más. El equipo no ponía dinero, no invertía en la contrarreloj”.
Considerando las circunstancias, casi resulta sorprendente que Van Vleuten fuese capaz de ganar 6 contrarrelojes durante las tres temporadas que compitió con Rabobank. El potencial estaba ahí, pero no las condiciones para maximizarlo.
Van Vleuten comenzó un nuevo capítulo de su carrera deportiva cuando dejó Rabobank-Liv y firmó por Bigla en 2015. Por diversas razones no terminaría siendo una temporada para recordar, pero hubo algo positivo. “Lo bueno de Bigla es que me proporcionaron una cabra para tener en casa”, dice. Fue la más rápida en tres contrarrelojes ese año: en la Emakumeen Bira, en el Giro Rosa y en el Giro della Toscana”.
“La contrarreloj no es una especialidad en la que comienzas a trabajar un par de meses antes del evento; es un proceso largo, que requiere mantenerse en el tiempo”
Dado el sorprendentemente escaso número de contrarrelojes presentes en el calendario, especialmente en años recientes, resulta llamativo que Van Vleuten entrene tanto sobre la cabra. No lo hace únicamente para las distancias y duración habituales del esfuerzo, sino durante mucho más tiempo. Incluso en montaña.
Existe una poderosa razón para ello. “Los Juegos Olímpicos también tienen contrarreloj. Se disputan muy pocas, cierto, pero no me preparo por el número de carreras que se organizan. Se entrena para tu objetivo, y el mío es la CRI olímpica del próximo año. Esta no es una especialidad en la que comienzas a trabajar un par de meses antes del evento; es un proceso largo, que requiere mantenerse en el tiempo”.
Hay otros factores, también. No todo es cuestión de posición y aerodinámica. Van Vleuten continúa: “Por ejemplo, mejorar tu dominio de la cabra también es un proceso de años: por ello entreno también sobre ella en montaña. No me fuerzo constantemente en la posición aerodinámica, sino que también pedaleo sin apoyarme en los acoples. De una sesión de cuatro horas, no estaré más de una en la posición de contrarreloj. Pero, cuando escalas y desciendes sobre esa bicicleta, también estás mejorando tu control de la misma, y te haces más hábil. Ayuda mucho cuando te encuentras con un recorrido técnico”.

En resumen, para Van Vleuten, “mejorar tus habilidades técnicas es un proceso de años. No es solo cuestión de entrenamiento duro e intenso. También hago sesiones de fondo con la cabra”.
A juzgar por la evolución del calendario en años recientes, tanto femenino como masculino, casi parece que la contrarreloj fuese una especialidad moribunda. Van Vleuten disputó 7 contrarrelojes individuales en 2018, 4 en 2019 y 1 en 2020. Resulta difícil de comprender cómo una especialidad históricamente tan importante en el ciclismo está siendo tan despreciada por los organizadores. Es quizá, en esencia, el esfuerzo más puro en este deporte. No hay rueda tras la que refugiarse, y hay un componente de habilidad especial en el modo en que se trabaja la disciplina.
Van Vleuten añade otro argumento: “En efecto es una lástima que haya tan pocas contrarrelojes; no tanto por mí, sino por las generaciones más jóvenes. Es algo que se aprende haciéndolo: cuantas más cronos tengas, mejor desarrollas tu habilidad para ellas. Hoy en día puedo disputar una sin mirar mi potenciómetro, pero las jóvenes necesitan desarrollar eso. También es útil aprender y experimentar la preparación previa a una contrarreloj. Tener únicamente una por temporada es una mierda, pues es una disciplina preciosa e importante en el ciclismo.
Memorias de la pista
Annemiek van Vleuten es, ante todo, una ciclista de ruta, pero también ha probado de vez en cuando su suerte en otras disciplinas. Normalmente como simple entretenimiento fuera de temporada, como sus participaciones en pruebas de ciclocross y bici de montaña, aunque también haya ganado un puñado de pequeñas competiciones en estas disciplinas. La excepción notable es su incursión en la pista a finales de 2017, con el objetivo de preparar el Mundial en marzo del siguiente año en la categoría de persecución individual. Fue en Apeldoorn, muy cerca de su casa y, aquí sí, con la ambición de obtener un gran resultado.

Terminaría logrando una medalla de plata tras ese fenómeno llamado Chloe Dygert, quien logró un nuevo récord mundial de la categoría allí. Se mire como se mire, fue un éxito, considerando la escasísima experiencia de Van Vleuten en la pista. Esa aventura no transcurrió sin sus propios retos, o challenges. Sí, de nuevo vuelve a aparecer esta palabra.
“La pista fue un éxito, pero es algo que no haría de nuevo, pues comprometió mi preparación de ruta”
“La pista fue una experiencia exitosa”, afirma, “especialmente si se tiene en cuenta la corredora que finalizó por delante de mí: una auténtica especialista en pista con un talento descomunal. Quedé muy feliz de terminar como la segunda mejor, la primera perdedora [se ríe]. En ese sentido fue un éxito, pero al mismo tiempo diría que resultó decepcionante porque la preparación para la pista me hizo ser menos competitiva en carretera. Por ello es algo que no haría de nuevo, pues aquella primavera estuve un poco por debajo de mi nivel en la ruta. Necesito un gran volumen de trabajo para mejorar, y aquello comprometió mi preparación”.
Van Vleuten finalizó la temporada 2018 con 13 victorias. Únicamente 2 de ellas llegaron antes del verano, lo que ejemplifica el anterior párrafo.
El otro desafío fue la naturaleza del evento. Una competición de persecución individual consiste en dos esfuerzos a realizar en el mismo día: una ronda clasificatoria por la mañana, y otra para decidir las medallas por la tarde. Mientras que su rendimiento en la primera era muy bueno, nunca fue capaz de repetir esos números en la segunda, a diferencia de la mayoría de sus rivales.
La explicación terminaría llegando más tarde. “Mucha gente me decía que era algo mental, el hecho de que no pudiese rendir igual en el segundo esfuerzo. Pero en un test de ADN que me hicieron recientemente, el año pasado, y que dice algunas cosas sobre tus cualidades, vi que está en mi genética el no poder hacer un segundo esfuerzo al nivel del primero”.

En perspectiva, tampoco resultó sorprendente observar algo similar en carretera. “Ocurría lo mismo en las ocasiones en que teníamos etapas con doble sector. Por ejemplo, en 2016 en la Auensteiner Radsporttage [una carrera por etapas en Alemania, ya desaparecida] tuvimos una CRI por la mañana, que gané, y después perdí el jersey de líder por la tarde. Según mis cualidades genéticas puedo hacer un esfuerzo muy intenso, muy al límite, y rendir con altos niveles de ácido láctico. Pero luego ocurren dos cosas: no puedo eliminar ese ácido láctico con rapidez (sufro un importante daño muscular tras producirlo) y mi recuperación no es muy buena”.
“De modo que fue como una revelación”, continúa Van Vleuten. “Todo el mundo me decía que era algo mental pero no lo era; realmente creía que podía hacerlo igual de bien la segunda vez pero, fuese el segundo sector de una etapa en ruta o la segunda ronda de la persecución individual, sencillamente no había suficiente tiempo para que me recuperase”.
El descubrimiento supuso un alivio para ella. “Me puso muy contenta el verlo finalmente explicado con el test de ADN. Es muy interesante ver cómo algunas de tus cualidades pueden ser explicadas por ese test, aunque también hay otras cosas que no explica”.
La importancia de esprintar
El extraordinario dominio de Van Vleuten en prólogos cortos y técnicos -hace falta irse hasta principios de 2015 para ver la última vez que no ganó uno de ellos- es el resultado de multitud de horas, días e incluso años de entrenamiento sobre la cabra, lo que le ha proporcionado una gran habilidad sobre esta bicicleta. Sin embargo, también existe un componente físico.
“La gente tiende a infravalorar mi explosividad y piensan que no puedo esprintar, pero si miras mis resultados en un año como 2011, superé por ejemplo a Giorgia Bronzini en alguna llegada. No soy lenta tras una carrera dura. En una contrarreloj, cuando vas casi siempre en la zona roja, con mucho ácido láctico, tengo bastante explosividad. Desde luego no soy explosiva en una carrera en la que no ha ocurrido nada y solo se acelera al final: en ese caso pierdo 99 de cada 100 veces. Pero si ha sido una carrera dura, una contrarreloj en la que haya ido al límite durante algún tiempo, con alto nivel de ácido láctico en las piernas, aún soy bastante explosiva. Esto también se podía ver en mi test de ADN: puedo producir niveles muy elevados de ácido láctico, por lo que en ese sentido podría decirse que tengo algo de sprinter”.
No es cuestión únicamente de genética, sino también de trabajo específico que acostumbraba a hacer años atrás. Jeroen Blijlevens, gran velocista durante su carrera deportiva y más tarde director deportivo del equipo Nederland Bloeit, en el que Van Vleuten corrió durante dos años, le ayudó a mejorar esa faceta.
“La gente pierde explosividad con el cansancio y entonces se convierte en ‘el sprint de los cisnes moribundos’. Ahí es donde necesito estar bien”
“Tras la temporada 2010 Jeroen sugirió que podía ponerme el objetivo de la clasificación de la Copa del Mundo para el siguiente año, junto a Marianne [Vos]. Quizá no era la mejor corredora, así que necesitaría sumar puntos en cada carrera. Incluso fui a correr en China para coger puntos. Este es el motivo por el que comencé a trabajar mi capacidad como sprinter, incluso de cara a llegadas masivas como esas de Chongming Island”.
Incluso a día de hoy, cuando ya no es ni mucho menos su objetivo primordial, ni lo ha sido desde hace años, es algo que nunca se deja de trabajar.
“Aún hago sprints, puesto que es parte del entrenamiento necesario para preservar cierta explosividad. En aquella época era un objetivo para mí el pelear en los finales de aquellas carreras llanas. Actualmente me centro más en esprintar al final de las sesiones de entrenamiento, por ejemplo al final de una sesión de 6 horas. La gente pierde explosividad con el cansancio y entonces se convierte en ‘el sprint de los cisnes moribundos’, como decimos [‘de sprint van de stervende zwanen’, en neerlandés]. Ahí es donde necesito estar bien. En esos sprints al final de una carrera como la Vuelta a Flandes, tras 150 o 160 kilómetros, tengo más opciones”.
Teoría vs. práctica del entrenamiento en altitud
El entrenamiento en altitud se ha convertido en una parte esencial de la preparación de Annemiek van Vleuten en los últimos años. Alterna frecuentemente bloques de entrenamiento durante la temporada de competición, en general bastante más que la ciclista media.
Sin embargo, a pesar de los obligados parones que ello conlleva en su calendario competitivo, no tiene la sensación de que interfiera o limite sus carreras. “Tampoco hay tantas carreras duras en el calendario que considere como objetivos, por lo que no pienso que esté comprometiendo mis días de competición. No recuerdo haberme perdido ninguna prueba que se me adaptase por haber tenido que ir a una concentración en altitud”.
Tal vez sería un buen momento para debatir si, precisamente, esto ocurre por el hecho de que en el calendario femenino no abundan las carreras realmente duras y selectivas que se adaptan mejor a las características de Van Vleuten. Pero eso es otra historia. “Incluso si piensas en una carrera como el Trofeo Binda”, menciona como ejemplo, “la mayoría de ciclistas que la ganan hoy en día tienen buena punta de velocidad. Es casi como si fuese un final en cuesta, un sprint cuesta arriba; no hay una gran selección y raramente alguien puede escaparse del grupo. Así que mis posibilidades serían pequeñas”.
A su juicio, el tener un calendario más selecto juega incluso a su favor. “Elijo mis carreras especiales. Tengo la sensación de que si corriese también otras como el Trofeo Binda, que no me disgusta pero tampoco me termina de ir del todo bien, perdería algo de mi agresividad y ansia de competir. Para mí funciona mejor no tratar de ir a por muchas carreras, sino solamente aquellas para las que estoy verdaderamente motivada, lo cual ayuda mucho. También sé que puedo entrenar más duro por mí misma de lo que haría por competir en las propias carreras”.
Calidad por encima de cantidad, podría decirse.
“Siento que, tras tres semanas de entrenamiento en altitud, estoy lista para correr. Preparada para sufrir, con ganas de sufrir”
Hay un aspecto acerca del calendario de Van Vleuten que quizá no haya pasado desapercibido para algunos. En contra de lo que la teoría del entrenamiento en altitud dice, acostumbra a rendir excepcionalmente bien inmediatamente tras la finalización de la concentración. Sobre el papel, se entiende que el beneficio óptimo llega en torno a unas tres semanas después, pero ella parece demostrar lo contrario.

“He intentado convencer a mi entrenador de que lo mejor para mí es competir nada más bajar de altitud. Probablemente haya un componente mental: siento que, tras tres semanas de entrenamiento, estoy lista para correr. Normalmente, mi entrenador me recomendaría quedarme en casa tras la altitud y esperar esas semanas antes de competir, tras las cuales, sobre el papel, estarías a tu mejor nivel. Pero mentalmente noto enseguida mi ansia por competir. Así que le he convencido ahora de que lo más conveniente es correr nada más volver de altitud”.
Tal y como ella misma admite, la explicación puede ser más mental que física. “Quizá esté más en mi cabeza que en mis piernas. En teoría no deberías de obtener el beneficio óptimo de la altitud en los primeros 10 días; a partir de ese momento comenzarías a obtenerlo, y tres semanas más tarde llegarías al tope. Pero también, de cara al próximo año, he tratado de convencerlo de tener el bloque de entrenamiento muy próximo a los Juegos Olímpicos, aunque no sea posible hacerlo excesivamente cerca”.
“Si uno se fija en mis prólogos, por ejemplo en el Boels Ladies Tour, normalmente acabo de bajar de altitud solo uno o dos días antes del prólogo, y los he ganado. Para mucha gente no tiene sentido que entrene tanto la escalada en mis concentraciones y llegue y gane un prólogo, pero en ese momento siento que estoy preparada para sufrir, con ganas de sufrir”.
Otro ejemplo similar serían sus actuaciones en los campeonatos nacionales contrarreloj, generalmente solo unos pocos días tras haber concluido su bloque de entrenamiento previo al Giro.
Cuestión de mentalidad
La primera gran victoria de Annemiek van Vleuten llegó en 2011, cuando ganó la Vuelta a Flandes. Curiosamente, fue también la última vez que la icónica carrera flamenca terminaría en Meerbeke, incluyendo los pasos del Kapelmuur y Bosberg como puntos clave de la fase final de la carrera.
Tras esa edición, De Ronde cambió el final a Oudenaarde, pasando a ser Oude Kwaremont y Paterberg las subidas decisivas. Es llamativo que Van Vleuten haya ganado otras carreras que incluyen la combinación Muur + Bosberg, como el último Omloop Het Nieuwsblad o la etapa final del Lotto Belgium Tour in 2016, y sin embargo nunca haya vuelto a ganar Flandes, a pesar de una sólida racha de puestos de honor año tras año.
“Creo que este caso puede explicarse mentalmente”, según lo ve ella. “Aún tengo que quitarme de encima la sensación de que siempre me voy a descolgar en el Kwaremont. Es como que, mentalmente, no es mi amigo. Tuve que cambiar eso para creer que ahora puedo hacer la selección en el Kwaremont. Este año lo intenté, pero era difícil con la lesión de mi muñeca, y no estando ya en mi mejor forma”.
“Generalmente no me gusta cuando se añaden secciones con excesiva pendiente o peligrosas, con gente incluso teniendo que bajarse de la bici, pero el Koppenberg tendría que estar en De Ronde”
Además de la cuestión mental, menciona otro factor. “Otro tema es que, si miras el perfil del Kapelmuur, es mucho más empinado. El Kwaremont es más para alguien como Chantal Blaak, y el Kapelmuur más para mí. El Paterberg es muy empinado, pero demasiado corto. En cuanto al Bosberg, se afronta inmediatamente tras el Muur y ahí me recupero rápido, más deprisa que mis rivales. Me gusta la combinación de esos dos”.

La Vuelta a Flandes es una de las carreras más largas, duras y prestigiosas del calendario femenino, con una historia relativamente larga si la comparamos con muchas otras. No obstante, hay un elemento importante que no está incluido en el recorrido: el Koppenberg. Siendo tradicionalmente un punto particularmente selectivo de la carrera masculina, nunca ha formado parte de la femenina.
Y, quizá sorprendentemente, Van Vleuten nunca lo ha subido, ni siquiera entrenando. Conoce bien la reputación de la colina adoquinada, en la que muchas veces los ciclistas han tenido que poner pie a tierra. “Generalmente no me gusta cuando se añaden secciones con excesiva pendiente o peligrosas, con gente incluso teniendo que bajarse de la bici, pero el Koppenberg tendría que estar en De Ronde. Diría que sí”, contesta, ante la pregunta de si le gustaría verlo formar parte de la carrera.
Siendo una ciclista cuya motivación está fuertemente determinada por el rendimiento, que valora el camino hacia un objetivo al menos tanto como el objetivo en sí mismo, uno no puede evitar preguntarse cómo sobrellevar contratiempos y decepciones que no estén directamente relacionados con su preparación y, en definitiva, con aspectos que pueda controlar. Por ejemplo, su caída en el Giro Rosa de este año, provocada por otras ciclistas, que conllevó una fractura de muñeca y el abandono de la carrera cuando era líder con una sólida ventaja sobre el resto, habiendo mostrado un nivel extraordinario en las etapas previas.
Van Vleuten habla sobre ello con sensaciones encontradas. “Ahora mismo, si echo la vista atrás hacia el Giro, lo primero que me viene a la mente es que no pude rematarlo. Pero más tarde, si miras por ejemplo imágenes de la carrera dentro de un tiempo, puedo ver que de nuevo clavamos la preparación, que estaba absolutamente a mi nivel óptimo. Demostré en las etapas previas que era la más fuerte. Es algo que me enorgullece: teníamos un objetivo, y estaba en la forma idónea de cara al Giro y con las miras en los Campeonatos del Mundo. Es lo que estaba bajo mi control y eso lo logramos”.
Aunque estar en la cúspide de tu deporte es obviamente algo genial, también puede ser un arma de doble filo para alguien cuya fuerza motriz es el rendimiento. En su interminable ambición de progresar, cuando mejor es, más difícil resulta continuar mejorando, seguir encontrando esos pequeños detalles que aún pueden ser pulidos.
Por otra parte podría decirse que, incluso si Van Vleuten dejase de progresar hoy mismo, tendría nivel para continuar ganando casi cualquier carrera del calendario. Pero el hambre de mejorar sigue ahí. “Creo que, en mi caso, ambas cosas están relacionadas, pues al sentir que continúo mejorando mi confianza en poder ganar carreras crece. Si llegase a un punto en el que viese que ya no progreso más podría afectarme mentalmente también, y dejaría de creer tanto en mis posibilidades de vencer”.
Corriendo con el Dream Team, la selección nacional neerlandesa

Hablando de armas de doble filo, he aquí otra. Los resultados de la selección neerlandesa en competiciones internacionales recientes hablan por sí solos. Anna van der Breggen ganó este año el Mundial en línea, con la propia Van Vleuten terminando segunda. Van der Breggen también logró el arcoíris en la contrarreloj, en la que Ellen van Dijk se hizo con la medalla de bronce. Apenas unas semanas antes, Van der Breggen y Van Dijk también habían copado el podio del Europeo CRI, a lo que siguió el triunfo de Van Vleuten un par de días más tarde en la ruta. El arcoíris de Annemiek en 2019, en Yorkshire, fue secundado por la plata de Van der Breggen. La lista sigue…
Semejante racha de éxitos crea obviamente enormes expectativas y genera presión. Al mismo tiempo, se hace difícil manejar tanto talento en un mismo equipo. Pero también puede hacer que ciertas victorias se saboreen de una manera especial. Van Vleuten recuerda cómo ganó el Europeo cuando ni siquiera era parte del plan, en teoría.
“Era la primera vez que corría los Campeonatos de Europa y únicamente lo hice porque ya estaba allí, en Plouay [tras haber corrido la carrera WWT], así que esto lo dice todo”, comenta, dejando claro que no es un título particularmente prestigioso entre las ciclistas, del mismo modo que probablemente tampoco sea visto así para buena parte de los fans. “Para mí no tiene un gran valor, pero esta victoria fue un poco más especial porque Anna [van der Breggen] y yo corríamos juntas con la labor de gregarias para las otras compañeras, para darles la oportunidad de ganar, y esa mentalidad con la que partimos también hizo la carrera más interesante y quizá más abierta; quizá por eso fue más interesante de ver”.
Fue, en efecto, una carrera espectacular, repleta de ataques y cambios de guión. Para Van Vleuten, el valor principal de la carrera no viene dado por la importancia del evento en sí, sino por la forma en que corrieron como equipo. “Me sentí muy orgullosa de que nos las arreglamos para competir juntas y no unas contra otras, lo que dejó una buena impresión y también más oportunidades para las compañeras. Algo bueno para fomentar el espíritu de equipo”.
Extrañamente, terminó imponiéndose en una carrera en la que de salida no era la líder designada en absoluto. Pero ahí reside también la belleza del ciclismo en ruta: las tácticas pueden deparar resultados inesperados. Precisamente por eso, Van Vleuten terminó encontrándose con la responsabilidad de ganar sobre sus espaldas. Y no fue exactamente fácil.
“Personalmente ya había dado tanto que lo pasé verdaderamente mal; incluso en algún momento llegué a creer que no podría rematar de lo cansada que estaba ya. En ese sentido tuve que llegar muy lejos y fue bastante especial ganar. También es algo que te otorga un maillot distintivo con su historia especial”, afirma, mientras continúa explicando cómo otro de los momentos clave no salió como esperaban: “Cuando ataqué, acaba de decirle a Amy Pieters que aceleraría en aquel repecho [dice la palabra en español] para preparar su movimiento, y entonces ella debía continuar, pero se encontró encerrada o algo así. De esta forma terminé viéndome al frente de la carrera, pero ni siquiera estaba pensando en el podio porque iba 100 % entregada a correr para el equipo”.
“Correr con Países Bajos te produce una gran presión de que tienes que rematar”
“Sentí una gran responsabilidad”, admite. “Correr con Países Bajos te produce una gran presión de que tienes que rematar. Eso, en combinación con haber hecho ya tanto trabajo previamente y no quedarme exactamente mucha frescura a esas alturas me hizo sentir un enorme alivio cuando pude vencer. Con todas esas compañeras excepcionales no era la líder ese día, por eso en algunos momentos no trabajé junto a Elisa [Longo Borghini] y Kasia [Niewiadoma], esperando a que una de ellas saltase y se uniese a nosotras. Quizá fue molesto, pero quería dar la oportunidad a nuestra potente escuadra. Pero sí, genera mucha presión correr con la selección neerlandesa y estar en el grupo de cabeza”.
Van Vleuten llegó a meta junto a Elisa Longo Borghini, una ciclista más lenta sobre el papel, pero que se había mostrado extraordinariamente fuerte ese día. “Me equivoqué un poco con la distancia de lanzar el sprint porque no había señales indicando los metros que quedaban a meta. Al no ser una corredora súper explosiva, quería asegurarme de iniciar el sprint antes que ella”. Al final, la táctica funcionó.
Annemiek van Vleuten y Anna van der Breggen son ciclistas que están definiendo toda una era en su deporte. Hemos podido presenciar batallas espectaculares entre ambas, y han demostrado poder ser excelentes compañeras para las otras neerlandesas en una carrera como el Campeonato de Europa, pero sus ambiciones son más complicadas de manejar cuando se trata de un objetivo primordial para ambas como el Mundial.
Aún así, se hace difícil argumentar en contra de los sendos dobletes oro-plata logrados por ambas en las dos últimas ediciones de la prueba mundialista en línea, algo que demuestra profesionalidad, además de calidad.

Van Vleuten admite que la situación tiene sus contras. “Creo que ambas preferimos correr con nuestros equipos comerciales. Acumular tanta calidad en un solo equipo no suele hacer la competición particularmente atractiva, de modo que en ese sentido puede ser algo frustrante. Sin duda, sería más interesante si el nivel estuviese más equilibrado entre las diferentes selecciones. Pero personalmente no lo encuentro frustrante porque nunca me frustro por cosas que no puedo cambiar; esa es mi forma de pensar”.
“Pero lo que a veces no entiendo tanto no es sobre mis compañeras, sino que otros países no hagan nada”, señala, mencionando una cuestión que afecta a la competición globalmente más que a sus propios intereses como equipo. “Fue más obvio en Innsbruck, en 2018, cuando ella [Van der Breggen] se había ido y por detrás nadie hizo nada. Yo estaba pensando: ‘esto es estúpido, vamos, haced algo’. Porque esto no lo hace precisamente más emocionante de ver, tampoco; si el dominio neerlandés ya de por sí puede hacer la competición menos interesante, la situación se agrava cuando otros países no hacen nada. Eso es algo que no entiendo”.
Por el bien del ciclismo femenino
Van Vleuten no se corta a la hora de dar su punto de vista sobre diferentes aspectos que afectan a su deporte, y uno de ellos es la mentalidad retrógada que algunos organizadores muestran a la hora de organizar carreras femeninas, haciéndolas demasiado cortas y/o fáciles con demasiada frecuencia.
Extrañamente, en ocasiones se ha visto a algunas de las propias ciclistas defender dicha actitud, de un modo que podría ser visto como ir contra su proprio deporte, pues contribuye a alimentar el viejo mito de que las mujeres no son capaces de afrontar carreras duras. Hoy en día tiene incluso menos sentido, teniendo en cuenta la enorme progresión en el nivel del pelotón.
“Se trata de tener una distancia que permita crear una selección entre las corredoras, y que los organizadores nos tomen en serio. Quiero el respeto del público, que no piensen ‘yo también puedo hacer eso’”
Van Vleuten demuestra en sus palabras que su visión no está condicionada por sus propios intereses, sino por el beneficio global al deporte, y sobre hacer que una competición profesional sea realmente una competición profesional, con la capacidad de demostrar quiénes son las mejores. “A veces la gente piensa que pido carreras más duras o más largas porque me vienen mejor, pero no se trata de eso, sino de tener una distancia que permita crear una selección entre las corredoras, y de emitir el mensaje de que los organizadores nos tomen en serio. Cuando un espectador ve una carrera de 80 kilómetros piensa ‘yo también puedo hacer eso’. Quiero el respeto del público, que piensen ‘guau, esas chicas también corren 160 kilómetros’”.
Continúa poniendo el ejemplo de una carrera que precisamente no se le adapta a sus cualidades, pero que a su juicio es un buen ejemplo a seguir. “No es necesario que sean distancias excesivamente largas, pero algunas carreras como Ronde van Drenthe sí están yendo un poco más allá [última edición: 165,7 km]. Saben que, haciendo la carrera larga, al final solo quedarán las más fuertes, y eso es lo que uno querría. Cuando tienes una carrera de 80 kilómetros, todas las corredoras están en el final. Ronde van Drenthe es un ejemplo perfecto: necesita irse al límite de distancia para que las más fuertes destaquen, en lugar de llegar en un gran pelotón. Me encanta, nos toman en serio y saben que necesitan eso, pues de lo contrario la prueba no tiene los ingredientes para marcar la diferencia. Es básicamente una cuestión de tomarnos en serio”.
La filosofía de Van Vleuten por lo que respecta a su propio deporte queda incluso más clara cuando se conocen las razones de su cambio de equipo y su elección de Movistar Team como su destino para las dos próximas temporadas.
Pese a los rumores surgidos en su momento, el nuevo Jumbo-Visma nunca fue una opción. “No tuve ningún contacto con ellos, ni ellos conmigo. Pero, incluso si lo hubiesen hecho, habría preferido no correr en un equipo neerlandés. Disfruto de un ambiente con diferentes culturas; es algo que me da energía, conocer otra cultura y salir de mi zona de confort”.
La única alternativa seria a Movistar fue Trek-Segafredo. La razón por la que no terminó uniéndose a ellos probablemente sorprenda al lector. “Cuando Trek contactaron conmigo, una de mis preguntas fue: ‘¿Qué esperáis que aporte al equipo? Porque vuestro equipo ya está lleno de estrellas’. En mi respuesta a Ina [Teutenberg, directora del Trek-Segafredo] también dije: ‘Mantegamos el interés del ciclismo femenino y no pongamos a todas las mejores corredoras en uno o dos equipos. Cuando alguien domina tanto, no hace el ciclismo tan emocionante. Mi pasión es también hacer el ciclismo femenino más interesante, no menos interesante”.
“Mantegamos el interés del ciclismo femenino y no pongamos a todas las mejores corredoras en uno o dos equipos”
Esta es una de esas ocasiones en que lo más acertado parece no añadir nada, sino seguir dejando que la ciclista cuente la historia en sus propias palabras.
“Con todo el talen