Queridos aficionados y aficionadas al ciclismo, la contrarreloj ha muerto. Puede parecer una exageración pero la contrarreloj entendida como aquella disciplina que enfrenta a los mejores rodadores en carreteras llanas y esfuerzos de una hora ya no existe en el ciclismo moderno. Algunos quizás os alegréis por esta noticia, pero un deporte como el ciclismo, en crisis permanente (falta de patrocinadores y credibilidad, escándalos de dopaje, poco espectáculo en muchas carreras…) no se puede permitir renunciar a la disciplina que encumbró a Indurain o Anquetil.

Venimos de un fin de semana dónde las vigentes medallas de oro y plata en el Mundial de contrarreloj se enfrentaron en una contrarreloj de apenas  20 kilómetros y otra que se la disputaron Dylan Teuns y Jakob Fuglsang en unos exíguos 13 kilómetros que encima contenían una subida. Por parte del danés la noticia ya no es que dispute una contrarreloj porque cabe esperar cualquier cosa de su extraña mejoría en este último año. Una mejoría que podría dejar de ser extraña gracias a las investigaciones de unos periodistas daneses que lo relacionaron con un famoso fabricante de coches.

Fuglsang perdiendo las décimas que le faltaron para ganar la etapa / @VANDALUCIA

Es cierto que estas dos contrarrelojes se han dado en vueltas de una semana y por lo tanto compraremos -con pinzas- el argumento de que una contrarreloj larga sentenciaría toda la carrera y la convertiría en aburrida por unas diferencias maximizadas. Así que para poder hablar de la muerte de la contrarreloj analicemos lo ocurrido en el gran espectáculo del ciclismo, el Tour de Francia, des de 2010 -dónde algunos sitúan el inicio de la década y otros no-. Una gran vuelta se supone que es el sitio dónde se premia al escalador que se defiende en contrarreloj o al contrarrelojista que se defiende en montaña. Tres semanas dan para mucho y la obligación de los organizadores debería ser encontrar un recorrido equilibrado.

La única contrarreloj del 2010 tenía 51 kilómetros de distancia y todos los corredores superaron la hora de esfuerzo. El top ten de esa etapa da gusto de ver. Los tres primeros son campeones del mundo de contrarreloj, el quinto doble medallista y el séptimo y el noveno también son campeones del mundo. Entre los nueve primeros suman 11 campeonatos del mundo contrarreloj, 5 medallas de plata y 7 de bronce. Des de esa etapa el Tour solo ha tenido tenido dos contrarrelojes que superaran los 50 kilómetros y la última fue en 2014. Entre aquellas contrarrelojes ya inició el Tour de Francia los inventos de recortar la disciplina hasta los 30 kilómetros o colocar subidas trampa en medio.

La proliferación de rodadores ganadores de Grandes Vueltas era la principal excusa para hacer más cortas las contrarrelojes y así supuestamente abrir el espectáculo. La decisión recibió el beneplácito de buena parte del público. Pero como hemos dicho la última contrarreloj larga data del 2014 y es que ahí se produce el gran detonante. Jean-Christophe Peraud finaliza segundo la general y sobretodo Thibaut Pinot queda tercero con 24 años y Romain Bardet sexto con 23. Los franceses no caben en si mismos de alegría pero sobretodo de esperanza. Esperanza de que en 2015 se pegarían la gran fiesta que llevan esperando des de que Bernard Hinault ganara su quinto Tour allá por 1984.

Portada de L’Equipe durante el Tour 2014

Las probabilidades de que Froome se volviese a ostiar durante la carrera eran bajas, pero aún eran más bajas las posibilidades de que Pinot y Bardet le ganaran un Tour al británico dónde hubiese una contrarreloj con un kilometraje medio decente. Así que por mucho que sea uno de los eventos más importantes de todo el panorama mundial aquí se barre para casa y nos reímos en la cara de la disciplina que enfrenta al hombre y al tiempo. 14 kilómetros de contrarreloj en la primera etapa y a disfrutar de un mes de julio de exaltación patriótica. Como todos recordaréis el experimento salió mal, muy mal. Bardet acabó noveno a 16 minutos y Pinot decimosexto a 39 minutos.

Pero el experimento no quedaría ahí. Al año siguiente la carrera dispuso de una cronoescalada más la supuesta contrarreloj “llana” que hay en cada Tour. Pero esta contrarreloj contenía las subidas que ahora ya son tradición y para entendernos Tom Dumoulin hizo los 37,5 kilómetros a 44,7 por hora. Velocidad media que solo le habría servido para entrar entre los 80 primeros de la contrarreloj que empezábamos mencionando de 2010 y que encima tenía 14 kilómetros más.

14 kilómetros es también la distancia que tenía la contrarreloj inaugural del Tour 2017 (igual que en 2015). Esta vez había otra contrarreloj, en la penúltima etapa, pero que era de tan solo 22 kilómetros y que encima incluía un puerto de por medio. La suerte de la contrarreloj tampoco fue a mejor en 2018 ya que solo hubo una de 31 kilómetros y que fue ganada a 45 por hora así que os podéis imaginar la cantidad de repechos y subidas que había por medio.

Pero el cúmulo del circo llegó en 2019. Una contrarreloj de 27 kilómetros y en la que apenas hubo un kilómetro para rodar. Llena de trampas y repechos que provocaron lo siguiente: en un Tour cuya clasificación general ya estaba dominada por los hombres que se disputarían los puestos de honor en París, 6 del ‘top ten’ de la etapa acabarían en el ‘top ten’ de la general al acabar el día. Es cierto que los primeros puestos de las contrarrelojes de las vueltas de tres semanas suelen ser una mezcla de rodadores con algún menos destacado contrarrelojista que se cuela en los puestos de honor de la etapa debido a que se está disputando la general, pero en ningún caso la proporción es tan exagerada.

El ‘show’ del año pasado recuerda al de ese esfuerzo contra el crono de 2013 de 33 kilómetros del que nos advirtieron que había montaña pero no de tanta como para que el lamentable contrarrelojista Joaquim Rodriguez estuviera a punto de ganarla. Si, aquel hombre que en 2010 vestido de líder en la etapa 17 de la Vuelta se dejó más de 6 minutos con el ganador y entro el 105 en meta estuvo a punto de ganar una etapa en el Tour que no era una cronoescalada.

Habrá quién piense que la causa principal de la reducción (y casi eliminación de la contrarreloj como se había entendido siempre) es por la proliferación de grandes rodadores que también son grandes escaladores. Parece el motivo lógico para no dar más ventaja a los Froome, Wiggins, Dumolin o Roglic de la vida añadiendo más kilómetros dónde la diferencia con sus competidores es una sangría. Pero esa lectura es errónea.

El mal de la contrarreloj de hoy en día no es otro que el puestómetro. Esa obsesión de que todos los puestos valen y le ha dado un valor inmenso a los ‘top ten’ e infinito a los pódiums. Porque no es poca la gente que da por muy buena la carrera de Steven Kruijswijk (pese a su calidad como escalador tiene solo dos victorias) ya que ha logrado subir al podio del Tour y tampoco son pocos los que en su día aplaudían los grandes Tours que había hecho Meintjes encadenando dos años seguidos un octavo puesto en el que le vimos menos que al juez de carrera. Ahora los ciclistas están obsesionados con mantener su posición, pues ahora a todas les hemos dado un valor, y nunca atacan para no arriesgarse a perder un puesto. Y no solo no atacan, a veces hemos visto situaciones tan lamentables como que un líder que había quedado aislado le salva las papeletas el equipo del sexto en la general porque no quiere caer al séptimo puesto.

Así que podemos afirmar sin pudor alguno que el puestómetro ha matado la verdadera lucha del hombre contra el tiempo. El que considere esta afirmación una exageración solo tiene que mirar las contrarrelojes de este año en las grandes vueltas: en el Tour habrá una contrarreloj de 36 kilómetros con final en la Planche des Belles Filles (6km al 8%); en el Tour 33 kilómetros con final en el Mirador de Ézaro (rampas de más del 30%); y en el Giro habrá 58,7 kilómetros de contrarreloj pero partidos en tres contrarrelojes, la primera acaba en un repecho, la segunda tiene varios sube y baja y la tercera será la única llana. Queridos aficionados y aficionadas al ciclismo, la contrarreloj a muerto. Gloria eterna para Jacques Anquetil y Miguel Indurain.

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