Iñigo Elosegui Equipo Lizarte Giro sub-23
Iñigo Elosegui

Desde el pasado lunes hasta el próximo domingo, con la única excepción de la jornada trampa del viernes, el Giro d’Italia U23 se disputa en el cielo. Un coloso de la montaña sobre otro ponen a prueba las piernas de las mejores promesas del ciclismo. Este miércoles tocaba el Passo Maniva, un puerto eterno al cual se accede por una carretera inmisericorde, machacona, ligera pendiente entre valles. Y, como en el Monte Amiata, apenas aparecieron las rampas desplegaron sus alas los escarabajos colombianos. A 10 kilómetros de meta despegó la ‘maglia rosa’ Ardila (COL), y poco después arrancaron en su persecución su compañero Peña (COL) y su compatriota Rubio (ARA). Así llegaron a meta, con un mundo de ventaja sobre los demás.

Por detrás, a 7 kilómetros de meta, Iñigo Elosegui atacó en el grupo de favoritos. “Me ha servido para adelantar a los corredores de la fuga, aunque después algunos de la general me han rebasado”, explica el protagonista. “En todo caso, me siento contento de haber reencontrado mis buenas sensaciones en la alta montaña”. 11º en meta: paso de gigante después de una jornada cruzada en el Amiata. “Hoy ha sido un día duro, de mucho desgaste. Las dos primeras hora hemos registrado 48 de media porque no fraguaba la fuga y el Passo Maniva ha sido una de las subidas más duras de mi vida. Nos ha servido ver nuestro sitio. Buscaremos sacar lo mejor de cada día e intentar adelantar posiciones. Los rivales son muy buenos, pero ni yo ni mis compañeros somos menos”.

El resto de ciclistas del Equipo Lizarte vivieron distintas carreras. Buenas sensaciones para Kiko Galván, muy trabajador en la aproximación al puerto, y para José Félix Parra, otro que se reencontró con sus piernas. Roger Adrià, el mejor clasificado en la general hasta el momento, se dejó seis minutos. Peor lo pasó Ibon Ruiz, afectado del tendón de Aquiles y descolgado desde antes de comenzar la subida final, que sin embargo logró terminar dentro del control.

Mañana jueves, una nueva oportunidad para dar un paso adelante. Con salida y llegada en Aprica, se afrontan dos vertientes del temible Mortirolo: la suave de Edolo y la empinadísima de Mazzo di Valtellina. Serán menos de 95 kilómetros que supondrán más de 2700 metros de desnivel acumulado. Para añadir épica, se prevén lluvia y frío.

Prensa Equipo Lizarte

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