El noruego Alexander Kristoff (Katusha Team) ha logrado llevarse la 53º edición de la Rund um den Finanzplatz Eschborn-Frankfurt, mucho más conocida como Gran Premio de Frankfurt o Eschborn–Frankfurt. Segundo ha sido el alemán John Degenkolb y tercero el belga Jerome Baugnies (Wanty – Groupe Gobert).

La lluvia y el mal tiempo estuvieron presentes durante toda la jornada. A las 12:00 se daba la salida en Darmstädter Landstraße, terreno perteneciente a la familia Henninger, creadores de la clásica alemana allá por 1962.
Los primeros kilómetros dejaban numerosas caídas, como la que llevó a Gediminas Bagdonas (AG2R) a besar el suelo. Aprovechando el desconcierto provocado por los batacazos, Jan-Niklas Droste (Heizomat) y Alexis Gougeard (AG2R) saltaban del pelotón, buscando la gloria, pero los atisbos de esta desaparecerían en el kilómetros 15, cuando fueron absorbidos por el grupo principal. Llegaban las cotas a su paso por la cordillera de Taunus y aún no teníamos una fuga formada. No sería hasta la primera hora de carrera cuando se formase la fuga protagonista, integrada por : Wilco Kelderman (Belkin), Christoph Pfingsten (Selección Alemana), Mirko Selvaggi (Wanty – Groupe Gobert), Clemente Koretzky y Anthony Delaware Place (Bretagne-Séché Environnement), Eduard Vorganov (Katusha), Ben Gastauer (AG2R), Marek Rutkiewicz y Paul Voss (NetApp) y Mirco Saggiorato (Stölting). Por detrás, Giant–Shimano conducía al pelotón, conscientes de que en una llegada masiva tendrían muchas opciones de victoria con Degenkolb, que había pasado las primeras cotas con sorprendente facilidad.

Las cotas empezaban a hacer mella en la fuga, por lo que tras coronar Ruppertshain se fragmentaba, quedando Vorganov (Katusha), Gastauer (AG2R), Kelderman (Belkin), Paul Voss (NetApp), Delaware Place (Bretagne-Séché Environnement), Rutkiewicz (CCC), Selvaggi (Wanty – Groupe Gobert) , Saggiorato (Stoelting) y Christoph Pfingsten (Selección de Alemania) en cabeza de carrera.

Por detrás, tanto Giant–Shimano como CCC Polkowice y Bretagne-Séché Environnement subían un punto más el ritmo del pelotón. Por delante solo quedaban cinco hombres como cabeza de carrera:  Voss (NetApp), Herklotz (Stoelting), Kelderman (Belkin), Gastauer (AG2R) y Rutkiewicz (CCC Polkowice). Con el pelotón amenazando la escapada, saltaban Brice Feillu (Bretagne-Séché Environnement) y Maciej Paterski(CCC Polkowice), seguidos por Samuel Dumoulin (AG2R), Alexander Kolobnev (Katusha Team) y Cesare Benedetti (Net App).

Se formaba en ese momento un quintento de cabeza, cuyos integrantes eran Wegmann (Selección de Alemania), Kolobnev (Katusha), Dumoulin (AG2R), Benedetti (NetApp), Feillu (Bretagne-Séché Environnement), Paterski (CCC) y Herklotz (Stoelting) con 30 kilómetros por delante. Los ataques desde el pelotón no cesarían, variando los corredores que formaban la cabeza de carrera. El último movimiento acabó por unir a doce corredores, Benedetti (Net App), Wegmann (Selección de Alemania), Feillu (Bretagne-Séché Environnement), Dumoulin(AG2R), Janse van Rensburg (MTN–Qhubeka), Herklotz (Stoelting), Kolobnev, (Katusha Team), Paterski (CCC Polkowice), Baugnies (Wanty – Groupe Gobert) y Lietaer (Topsport Vlaanderen – Baloise). El entendimiento de los doce hizo que tuvieran esperanzas de ganar hasta que restaban 8 a meta, cuando e pelotón, comandado por MTN–Qhubeka y Giant–Shimano los dieron caza.

Llegaba en ese momento la hora de los valientes. Tres vueltas a un circuito muy técnico por las calles de Frankfurt, donde perder una posición delantera podía privarte de luchar por la victoria u optar a una plaza en el podio. Lo intentó Lietaer (Topsport Vlaanderen – Baloise) con un ataque, pero la velocidad que los sudafricanos de MTN–Qhubeka estaban imprimiendo en el pelotón hizo de su victoria una simple quimera.

Llegaba el tan esperado sprint, ese momento mágico donde, como la gravesinha ponía rotula, menisco y ligamento cruzado al servicio del espectáculo; los isquiotibiales, el tríceps sural y los glúteos brindan al televidente un orgasmo ciclista, que no dura más de diez segundos, pero del que uno no se desengancha por más que quiera. El más rápido sería Alexander Kristoff, que llegaba a Fráncfort del Meno (apellidada así por el río que la cruza, el Meno) tras lograr su primera Milán–San Remo hace apenas dos meses.

 

 

FOTO: © www.eschborn-frankfurt.de

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