Mínguez y Momparler reconocen el circuito del Mundial de Innsbruck


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Los seleccionadores nacionales de carretera élite y sub-23, Javier Mínguez y Pascual Momparler, han estado inspeccionando el durísimo circuito sobre el que se desarrollará el próximo Mundial de carretera, que en la ruta élite masculina acumulará más de 4.600 metros de desnivel.

Javier Mínguez y Pascual Momparler, responsables de la dirección deportiva de la Selección Española de carretera en categoría élite y sub23, han viajado hasta la ciudad austriaca de Innsbruck para conocer de primera mano el exigente circuito sobre el que se disputará el próximo Campeonato del Mundo, que tendrá lugar del 22 al 30 de septiembre. “Es el Mundial más duro que he visto. Comparable al de Duitama, en Colombia en 1995”, confiesa Javier Mínguez tras recorrer el escenario sobre el que se pondrá en juego el arcoíris. La prueba en ruta élite masculina constará de 252,9 km y 4.670 metros de desnivel. Unas cifras que ya no se encuentran ni en las más duras etapas de alta montaña de las grandes vueltas y que convierten a los mejores escaladores del planeta en los grandes favoritos a hacerse con el triunfo en la localidad austriaca. “El recorrido es durísimo y va a ser muy complicado de controlar, no tiene un metro sencillo. El paso de los kilómetros va a hacer mucho daño entre los corredores y la última subida, que cuenta con rampas del 15%, 20% e incluso del 28%, pondrá la puntilla”, cuenta Mínguez, que anticipa que “es posible que cuando llegue el momento de negociar la ascensión final la carrera esté sentenciada. La
prueba se va a romper antes por la dureza y teniendo únicamente ocho corredores por selección va a ser muy complicado controlar ese tramo final”.

La salida de la ruta élite masculina se efectuará desde Kufstein y tras recorrer algo más de 80 kilómetros, en los que se incluye la exigente escalada a Gnadenwald, alcanzarán el circuito sobre el que también se desarrollarán las pruebas junior masculina, sub23 masculina y élite femenina. Este trazado, situado ya en Innsbruck y al que los profesionales darán seis giros, consta de 23,9 kilómetros y comprende una ascensión de 7,9 kilómetros al 5,7%, con varios tramos entre el 9 y el 10%, hasta Igls.

La gran diferencia entre la carrera élite masculina y el resto será que a la última vuelta se añadirá la escalada a Gramartboden, de 2,8 km y una pendiente media del 11,5%. Esta subida, en su tramo central, no ofrece respiro, con rampas constantes por encima del 13%, y que puntualmente superan el 20% hasta alcanzar en un pequeño sector el 28%. Un menú temible que promete deparar uno de los Mundiales más interesantes y espectaculares de la historia y para el que Alejandro Valverde partirá como uno de los principales candidatos a la victoria.

La contrarreloj élite masculina también presentará gran dificultad a lo largo de sus 52,5 km. La rampa de salida se instalará en Rattenberg y desde allí dará comienzo un sector inicial sin grandes desniveles, más allá de algunos repechos puntuales, hasta que el trazado cambie de forma drástica en el kilómetro 30 al alcanzar la localidad de Fritzens. En este punto, arranca una subida de 4,9 km al 7,1%, con dos kilómetros consecutivos que registran una pendiente media de 10,5% y 9,6%, que planteará un interesante dilema entre los ciclistas a la hora de seleccionar el material con el que efectuarla. La contrarreloj concluirá con un descenso pedaleable hasta Innsbruck, que se realizará a ritmo vertiginoso. “La bajada hasta la meta es muy fácil y de pedalear muchísimo. Por tanto, es imprescindible llegar arriba con gasolina, pues luego hay que dar pedales y hacer correr muchísimo la bicicleta. Va a ser una crono muy difícil de gestionar y va a haber más de una sorpresa”,
pronostica Pascual Momparler.

El propio seleccionador sub-23, asegura que “las cronos en el resto de categorías, para la dureza que hay en esta zona, no cuentan con gran exigencia y serán favorables a especialistas puros”. Sin embargo, cree que el transcurso de la prueba sub-23 de ruta masculina se desarrollará de forma bien distinta a los últimos Mundiales. “Con el número de corredores con el que cuenta cada selección en categoría sub23, va a ser imposible controlar la carrera y las escapadas van a valer. No será como otras ediciones en las que todo se decidía en la última vuelta. En los 80 kilómetros iniciales ya hay un paso de montaña que hará daño y luego los cuatro pasos por el puerto del circuito se van a hacer muy exigentes. Además, van a ser 180 kilómetros, que es una distancia larguísima para lo que acostumbramos adisputar en España”, concluye Momparler antes de asegurar que este Campeonato del Mundo de Innsburck “va a ser espectacular y quedará por siempre en el recuerdo de todos los aficionados al ciclismo”.

Fuente: Prensa RFEC

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