Una trastienda de Campeonato

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Parte de las y los miembros de Bizkaia-Durango celebrando con Lourdes y Mavi el doblete de la crono
Parte de las y los miembros de Bizkaia-Durango celebrando con Lourdes y Mavi el doblete de la crono

¿Por dónde empezar? No es fácil escribir una trastienda que abarca cuatro días de Campeonatos de España que son, además, los primeros en los que he estado. Y han sido inmejorables, tanto a nivel del espectáculo deportivo que se ha vivido, como de emociones personales por lo acontecido en Soria. Así que vayamos al inicio y tratemos de relatar las mejores anécdotas

Jueves. Reconocimiento de la CRI y acreditaciones

Llegué a Soria el jueves y lo primero que había que hacer era ver cómo sería al día siguiente la contrarreloj. En el coche de Bizkaia-Durango seguimos a Lourdes y a Mavi en ese reconocimiento del circuito y en la segunda vuelta la rueda delantera de Mavi decidió explotar. Menos mal que ese pinchazo llegó entonces, y no al día siguiente…

El pinchazo de Mavi viendo el circuito
Ahora ya podemos contar que Mavi pinchó…

A la tarde fue momento de encuentros con gente a la que hacía bastante (o poco, a según) tiempo que no veía, como por ejemplo uno de los pilares de la RFEC: el siempre atento Luis Román. Entre Ángel y yo recogimos tropecientas acreditaciones para ahorrar tener que ir a la permanente a algunas personas. Por cierto: no veáis lo difícil que era colocar el ganchito de la acreditación en su sitio, porque la tarjeta se quedaba pillada casi siempre.

Viernes. Desborde de alegría

Llevaba bastantes semanas esperando a que llegase ese día. Tenía muchas ganas de ver lo que pasaba en la contrarreloj femenina, aunque antes tenía que disputarse la masculina sub-23. ¿Lo curioso? Estas dos contrarrelojes, sobre exactamente el mismo recorrido, fueron completamente distintas: mientras en la sub-23 las grandes diferencias se abrieron en el primer parcial, en la femenina la gran cantidad de repechos de la segunda parte del circuito fue determinante para generar tiempos desiguales.

Con la ikurriña colocada en la carpa de Bizkaia-Durango en la que calentaban Lourdes y Mavi, a mí me tocó dejar relucientes los dos coches del equipo, mientras Lourdes me grababa un vídeo que no, no pienso colgar. Bueno, pues que a las 10.10 salía Mavi por el error de los árbitros al elaborar el orden de salida, y durante toda la crono fue pulverizando los tiempos, colocándose líder provisional en meta con mucha holgura. Lo mejor es la calma con la que Agurtzane le daba instrucciones por el pinganillo, con toda la tranquilidad del mundo. Aunque a 2 km de meta nos volvimos locos y empezamos a gritar por la ventanilla como si no hubiera un mañana.

Me fui pitando a meta desde el parking de equipos y me flipó lo entera que estaba Mavi tras un esfuerzo tan brutal. Y solo quedaba esperar. Por Twitter iban llegando tiempos intermedios… y había un avión procedente de Egino. Lourdes destrozó el cronómetro en el punto intermedio, lo cual, aunque parezca raro, llenó de alegría a Mavi. Se venía el doblete, aunque los tiempos podían cambiar en la segunda parte, más dura y sobre el papel menos propicia para Lourdes. SOBRE EL PAPEL. Porque la realidad fue que hizo una segunda mitad de la contrarreloj para enmarcar. Las diferencias crecieron, Lur llegó a meter un minuto a Ane Santesteban en esa montañosa parte —y Ane había mejorado siete puestos en esa zona—… y llegó a meta. Exhausta se tiró al suelo y las de la ambulancia de meta tuvieron que ayudarla a llegar a unas escaleras en las que sentarse para tomar aire. Yo fui corriendo a buscar agua para ella, y lo único que se me ocurrió fue expropiar la botella que Fran Reyes tenía en la mano. Todo fuera por una buena causa.

Cuando ya estaba recuperada tras el esfuerzo, llegó el momento de los abrazos, de las llamadas… Lourdes era campeona de España élite de contrarreloj. El sacrificio tuvo su recompensa. Y Mavi había sido plata. Teníamos el doblete. Me fui a comer con el equipo en el pueblecito en el que estaban, un pueblecito que nunca se le olvidará a Yessica Pérez ni al conductor del autobús que hacía la ruta Madrid-Soria. Pero eso es otra historia.


A la tarde nos volvimos Luis Alberto Durán (preparador de Lourdes y exseleccionador de Euskadi), Agurtzane y yo a Soria para recoger los transponders del día siguiente y ver la vuelta larga de la prueba en línea. ¿Conclusión? Se haría dura en la parte inicial. A todo esto: ¿sabéis cuántos litros de agua preparamos para nuestras seis corredoras? A ver si alguien lo acierta respondiendo en Twitter, en Facebook o aquí abajo en los comentarios.

Ya de vuelta a Soria a las 9 de la noche, me acoplé con Ángel para ir a cenar con las Sopela. Por el camino nos encontramos con la selección de Euskadi y estuve un rato con dos personas a las que adoro mucho: Iñigo Elosegui y Eukene Larrarte. Están muy zumbados, pero se les quiere. Y no fastidié yo la foto, por una vez.

Iñi, Eukene, os quiero
Iñi, Eukene: os quiero aunque seáis idiotas <3

Después, Oier Egaña, director de Sopela, se rió de mí por cenar espárragos con mayonesa. Sí, qué pasa, estaban ricos. Un placer cenar con él, con Ángel y con tres locas: Cristina Soler, Maddi Amondarain y Espe Paredes. Al final conseguimos convencer a Oier de que se viniese a dar una vuelta con la crème de la crème de la información y de la fotografía del ciclismo español: Fran Reyes, Andrés Cánovas, Víctor Martín, Alberto Brevers… Nos encontramos por ahí a los técnicos de la selección madrileña, incluyendo a la genial Cristina Arconada, que colgó al día siguiente esta horrible foto de Fran y mía. Horrible por las caras, se entiende. Y a dormir.

Sábado. El día grande

El madrugón del sábado para ir a la salida en Garray no fue lo más bonito del mundo, pero se llevó bien. Fran, Ángel, Andrés y yo fuimos a un par de puertos de la carrera de los sub-23, con la idea de ir a meta después. Pero no pudimos, porque el circuito se cerró completamente al tráfico, por lo que nos perdimos la llegada tanto nosotros como un centenar de familiares de los ciclistas… e incluso parte de las delegaciones andaluza y catalana. Es muy reprochable este cierre del circuito, no por mantener una cápsula de seguridad de más de 20 minutos, que me parece bien, sino por dejar sin vigilancia a algunos ciclistas, lo que hizo que continuaran en carrera tras hacer kilómetros metidos en una grupeta que estaba entrenando. A esto no le veo defensa posible.

Ya a la tarde, de nuevo a Garray a la salida de las féminas. Fue el momento de abrazar a Míriam Gardachal, que el día anterior no había tenido su mejor día en la contrarreloj, y que necesitaba fuerza para hacer una buena prueba en línea, que al final aguantó casi en todo momento en el grupo delantero. Y ya tendrá cronos (muy) buenas, ya… Que clase le sobra por todos lados. Ah, y una buena amiga mía como lo es Paula Sanmartín (que no «SAN MARTÍN», como dicen algunas inscripciones de carreras) me hizo un pedazo de regalo dándome una bandera galega XL. Qué bonica.

Qué de gente había en Garray…

En la prueba en línea fui en el coche de avituallamiento del equipo, con Luis Alber. Lo primero que hicimos fue ir al puerto del kilómetro 22 para dar agua, y a continuación marchamos para meta. Nos situamos en la zona destinada al avituallamiento, pasada meta, pese a que algunos equipos y selecciones se pusieron erróneamente en el repecho anterior… En uno de los pasos por ahí, una corredora —que todavía no sé quién fue— me cogió un bidón sin avisar. Vaya susto, pero al menos lo solté a tiempo y ella consiguió que no se le cayese. También le di agua a Laura Tenorio, que la vi muy sedienta… y consiguió tirar el bote que llevaba y coger el que le daba en menos de dos segundos. Not bad.

La fuga de Lourdes nos hizo soñar con el doblete, aunque la lógica se impuso y el pelotón la cazó. En la subida final Mavi intentó romper el grupo, pero Sheyla la aguantó y su punta de velocidad se impuso. Y si Bizkaia-Durango tiene que perder una carrera, no se me ocurre mejor ganadora que Sheyla. Me alegré infinitamente por ella. ¿Conclusión de los Campeonatos? Mismas ganadoras que en los de 2012 en categoría júnior, cuando Lourdes ganó la crono y Sheyla la ruta. ¿Casualidad? No. Simplemente, que han llegado. Ya están aquí las del 94, por si quedaba alguna duda.

En 2012 Lur y Shey también ganaron el Nacional… en juveniles. Fotos: RFEC

Me gustó mucho ver a Cristina Martínez sonriente tras la carrera, algo que hacía bastante tiempo que no veía. Había acabado contenta, con buenas sensaciones, y eso ya es un progreso enorme. La valenciana se merece todo y sé que va a volver a estar delante y a rendir a su nivel real. Tiempo al tiempo…

A la noche estuvimos de nuevo la panda (¿o debería decir banda?) de locos por ahí. En esta ocasión enganchamos con nosotros a Rober San Emeterio, que es un tío con el que es muy difícil no pasarlo bien. En un momento dado me dijo un chico —que después supe que era un sub-23 de la selección gallega—: «Estás aquí por los Campeonatos, ¿no?». ¿Cómo lo habría sabido? Ah, vale, que llevaba puesta una camiseta con una bici dibujada. Y a dormir —poco—.

Domingo. Fin de fiesta

La carrera de los élites y de los profesionales para mí era la menos interesante, evidentemente, y prácticamente no le presté atención. Por ello, aproveché para estar, sobre todo, con Cris Martínez y con Laura Tenorio. Esta me presentó a Leticia Galán, excorredora de Bizkaia-Durango, que estaba allí viendo los Campeonatos con su hijo, una cosita que no llega al año de edad y que tiene un buen nombre: Marcos.

Tras la carrera, el caos de la rueda de prensa fue grande, ya que se metió ahí todo el mundo, demostrando una vez más la inutilidad de las acreditaciones. Los Campeonatos se habían acabado y, con ellos, cuatro días inmejorables. ¿O mejorables? El año que viene habrá que comprobarlo. Y ya tengo ganas.

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