Cuando algunos entendidos se aventuran a definir al ciclismo como uno de los deportes más impredecibles, corajudos y espectaculares, no hay duda que tendrán en mente días como el de hoy. Una etapa de continuo sube y baja, con algunos puertos de escasa entidad, y las ascensiones a Rousset y a Villard de Lans como dificultades más reseñables, para nada hacía presagiar lo acontecido en la jornada de hoy. La etapa comenzó rápida, como de costumbre en este tipo de etapas, con varios corredores intentando entrar en la fuga del día. Sin embargo, el fuerte ritmo del pelotón imposibilitaba cada intentona una tras otra.

Transcurridos apenas 60 kilómetros, la escapada seguía sin establecerse. Con varias unidades por delante y un pelotón resquebrajado, los corredores comenzaban el ascenso a la Croix-Haute. Al adentrarse en sus rampas el primero en saltar era Tony Martin. Pronto le seguirían Alejandro Valverde, Rui Costa y Vincenzo Nibali, los máximos damnificados de la etapa de ayer y que, sin duda, tenían ánimo de revancha. Su intentona fue rápidamente neutralizada por los hombres del Sky y del BMC. Al paso por el puerto,  los favoritos se reagrupaban. Sin embargo, y sin nada que perder, poco tardó Vincenzo Nibali en volver al ataque. El descenso era peligroso y el Tiburón de Messina volaba ante un pelotón algo más prudente.

Tras tres kilómetros de terreno favorable, el italiano llegaba en cabeza a las primeras rampas del Col du Grimone. La ascensión, de tercera categoría y una media de casi el 6% en sus 5 kilómetros de longitud, daba pie a nuevas intentonas de fuga. Así lo entendieron Tony Gallopin, y de nuevo Rui Costa, Alejandro Valverde y Tony Martin. Los cuatro corredores alcanzaron al siciliano cuando aún quedaban 100 kilómetros a la cima de Vilard de Lans. A relevos, los cinco aumentaban progresivamente su diferencia con un pelotón encabezado por Sky y BMC, quienes ahora no lograban ponerse de acuerdo en la persecución.

Al paso por la cima de Rousset, a 50 kilómetros de meta, la diferencia del pelotón con respecto a Nibali, Valverde y Rui Costa era de casi 3 minutos y algo menos con el grupo de los Tony quienes a duras penas intentaban volver a entrar. Tras una bajada arriesgada solo lo lograría el francés del Lotto-Soudal, mientras que el alemán del Ettix se descolgaba definitivamente.

De esta manera, transcurrieron los kilómetros restantes hasta  el inicio de la ascensión a Vilard de Lans. Con un pelotón resquebrajado y una escapada ávida de soñar con el liderato que parecían haber cedido por completo tras el estrepitoso fracaso de los Nibali, Valverde y Rui Costa en la jornada de ayer, las diferencias continuaban constantes al paso por bellos desfiladeros y altas montañas que se mostraban expectantes ante el asombroso cariz que estaba tomando la etapa.

Los nervios atenazaban a un grupo del que se caía el vencedor en la jornada Romain Bardet. El francés del AG2R comenzaba retrasado la subida final mientras que ataques de peseta se sucedían en el gran pelotón. Por delante, Nibali arrancaba con fuerza, consciente de que si descolgaba a Valverde el liderato sería suyo. El murciano exhausto tras la agotadora jornada, era incapaz de seguir la rueda de Il Squalo. El liderato estaba ya en las piernas del de Astaná y la etapa iba camino de estarlo. Sin embargo, en una etapa así, no había hueco para las predicciones.  De la nada, aparecía Rui Costa y Nibali se convertía en tortuga. El portugués volaba y levantaba los brazos por primera vez esta temporada.

Nibali lo haría después en el pódium, ya con el amarillo en sus espaldas, pero aún sin saber si ni siquiera mañana podrá mantenerlo. Si hoy había sido Van Garderen quien contra todo pronóstico lo había perdido, ¿quién garantiza que mañana Nibali no haga lo propio?. Al fin y al cabo, no hay nada más impredecible que este glorioso deporte.

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