Quienes hayan asistido alguna vez a un final de etapa de una gran vuelta de tres semanas (llámese Giro, Tour o Vuelta) sabrán de todo el espectáculo y ambiente que se produce en la línea de llegada. Pero el Giro es especial. (Aun no he estado en ninguna etapa del Tour de Francia y sí en algunas de la Vuelta a España) Y nuestra Vuelta a España tiene mucho que aprender de los italianos.

Llama la atención como la ciudad se vuelca con este evento, hecho que se muestra en los exteriores de oficinas, de comercios…todos detalladamente decorados ya sean con globos rosas (el color patrón por excelencia de la carrera), con imágenes antiguas de ciclistas o esculturas de bicicleta. A la vez que ves como familias, abuelo, padre e hijo, acuden a línea de meta mucho antes de que la etapa llegue a su fin. Por supuesto, los bambini van perfectamente equipados con camisetas, gorras y globos de la carrera y es que la organización del Giro se preocupa mucho de la imagen que quieren dar. En el último km vi 5 tiendas en las cuales se vendía el kit-Giro compuesta de gorra, camiseta y mochila a un precio bastante competitivo.

Una vez equipados los menores y también los mayores, todos se dirigen al mejor puesto posible, que son los últimos 50 metros, y los metros posteriores a la llegada, pues aquí se sitúa el pódium. Es muy aconsejable, y esto vale para cualquier carrera ciclista, continuar la calle en la cual se sitúa la meta, pues inevitablemente te lleva a la zona de  los autobuses de los equipos. Allí, si tienes suerte puedes “pescar” algo. Alguna gorra, algún bidón, póster  incluso si eres amable y el señor encargado de custodiar del autobús está de humor, puedes subir al autobús del equipo y butare un occhio.  Una vez localizada la zona a la que llegan los ciclistas, lo mejor es buscarse un sitio desde donde ver la carrera, y con esto no me refiero solo a ver a los ciclistas llegar en directo, si no, a ver por pantallas como transcurre la gara. El mejor puesto es sin duda enfrente del podio. Aproximadamente a 20 metros de la llegada. Desde allí puedes seguir la carrera y por supuesto ver alzar los brazos al ganador.

En las horas de esperas, tal vez 2 o 3 horas, descubres cuanto saben los italianos de ciclismo. Ves a una familia hablar de Pantani o de Nibali, abuelo, abuela, padre, madre, hijo mayor e hijo menor y te sorprende, porque en España estamos muy lejos de esta tradición familiar ciclista. Todos aportan su grano de arena en la conversación, los abuelos rememoran tiempos antiguos ciclistas y los padres suelen conectar con los hijos quienes tienen como ídolos a los corredores actuales.

Por esto y por la caravana del Giro, no te puedes aburrir.  Desde primera hora de la mañana hay movimiento en la línea de meta. Carreras para los más pequeños, carreras retro, carreras de las mujeres…Por supuesto un speaker, que no para de hablar y que se encarga de entretener y animar a todos los espectadores que se encuentran allí… Regalos y más regalos por parte de los patrocinadores de la carrera, bailes y espectáculos…Entretenimiento hasta media hora antes de que acabe la carrera, momento en el que otro speaker toma el micrófono y retransmite la carrera cual locución de radio hasta la última pedalada del último corredor.

Una vez finalizada la etapa todo se convierte en un caos por hacerse una foto con el líder, o encontrar al ciclista que consiga darte su gorra o su bidón. Los italianos son muy patriotas y entre sus ídolos están Nibali, Pozzovivo y Visconti. Fueron los más aclamados en la zona de autobuses. También lo fueron corredores como Cavendish o Betancour, o incluso el ganador de la etapa. Es tal el caos que se forma, que los equipos y autobuses intentan salir lo más rápido posible para volver al hotel y evitar así a los incansables espectadores.

Una vez desalojado el aparcamiento de autobuses, cada uno vuelve por donde ha venido con satisfacción o decepción en función de si has conseguido ver, tocar, hablar, hacerte la foto con aquel ciclista que te gusta. Muchos italianos se fueron con la cabeza agachada, porque esperaron a las puertas del bus del Astana a la llegada del líder de la carrera, y el corredor más querido: Nibali. Lamentablemente sus sueños volaron cuando el mánager del equipo dijo que Nibali no iría al autobús.

En el camino de vuelta observas la velocidad en la que operarios trabajan sin descanso en su labor de montaje y desmontaje de todo lo que rodea al Giro: vallas, pabellones, cables, pancartas… En cuestión de minutos, la ciudad vuelve a ser la de antes, y la caravana del Giro emprende un nuevo destino. Quienes hayan asistido alguna vez a un final de etapa de una gran vuelta de tres semanas, sabrán de lo que les hablo.

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