Tamouridis demuestra que los vascos nacen donde les da la gana

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Según el DNI, Ioannis Tamouridis es griego, más concretamente de Salónica. Pero para el aficionado al ciclismo, «Tamu» ya ha sido completamente euskaldunizado. A sus treinta y dos años ha aterrizado en Euskaltel Euskadi, como parte del programa de Igor González de Galdeano de sumar puntos UCI para mantenerse en el WorldTour. Solamente en carretera, ha sido campeón de su país diez veces (tres en ruta y siete en contrarreloj). En el velódromo, acumula más de diez campeonatos nacionales entre omnium, scratch, persecución y puntuación. El mejor ciclista griego de este siglo, y probablemente también de la historia, ha dado el salto al WorldTour con objetivos, no solo para hacer caja. Se une a la marea naranja tras tres años en el modesto equipo de su país SP Tableware, donde consiguió quince victorias en cuatro temporadas.

Este año, en Euskaltel Euskadi, lleva 39 días de competición. Empezó a rodar en la Vuelta a Andalucía, donde no consiguió resultados notables. Después, Tirreno-Adriático fue su primera prueba en el WorldTour, que logró terminar. También tomó la salida en los tres primeros Monumentos: Milán-San Remo, Ronde van Vlaanderen y París-Roubaix, donde se convirtió en el primer griego de la historia en llegar al velódromo de la ciudad francesa. Al acabar Roubaix, el ciclista heleno comentaba: «Cuando entré en el velódromo, estaba llorando. Fue uno de los mejores momentos de mi carrera». Solo Ricardo García y él fueron capaces de llegar con el maillot naranja hasta la meta. Se había desquitado de la mala suerte de De Ronde, donde no tuvo su mejor día, y a causa de una gastroenteritis no logró finalizar la carrera.

En el Giro, dio de nuevo un paso vital para el ciclismo de su nación. Fue el primer griego que tomaba la salida en la prueba italiana. Y fue el primero en acabarlo. Lució el maillot de campeón griego en las dos etapas contrarreloj y dejó claro que si está en Euskaltel Euskadi es por algo. Se metió en escapadas, en sprints y dio visibilidad a su equipo. En la dura jornada de Treviso consiguió una meritoria novena plaza, sin ser un esprínter puro.

Si algo le falta a Tamouridis es definir qué tipo de corredor es. En su país lo ha ganado todo en la carretera y en la pista. Pero fuera de él, no ha sido capaz de demostrar su habilidad sobre la «cabra» ni ha finalizado en buenas posiciones en un sprint. Es un corredor de equipo, un ciclista que se deja la piel por su jefe de filas. Tiene treinta y dos años y sabe que ya no va a brillar en solitario. Por eso, estar en un equipo como Euskaltel Euskadi es una suerte para él.

Porque solo «Tamu» y Juanjo Lobato han demostrado que González de Galdeano les fichó pensando en el futuro. El heleno ya es vasco. Y una parte de Euskadi ya es griega, gracias a Ioannis Tamouridis.

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